Cada hombre es hijo de su tiempo. Cada época fija a cada artista las condiciones exteriormente determinadas en que podrá ejercer su libertad creadora. Así, entran en la composición de una obra literaria, ideas, temas, movimientos y maestrías del oficio, corrientes culturales y fuerzas históricas cuya presencia comprobamos, ya positiva, ya negativamente, a través de todos esos elementos, y que por eso se reconoce la existencia extraindividual o supraindividual, comunal, social, histórica de los artistas.
Un primer encuentro con la literatura nos aproxima a los llamados temas universales, pues en la palabra escrita pueden considerarse dos aspectos principales: la significación y la expresión. Además, las palabras tienen un contenido psíquico indicado y no significado en el que podemos distinguir lo afectivo, lo sensorial y lo intelectual, de manera que, con una orientación responsable y eficaz, se debe producir en los lectores un cambio radical en la forma de concebir algunas realidades, vistas, muchas veces, bajo patrones rígidamente esquematizados.
Hacia una elemental definición del escritor podemos apuntar que no se trata de una especie privilegiada, tocada por manos divinas, a quien hay que rendirle pleitesía. Por el contrario, el escritor puede ser cualquier, con cualesquier nombre, que se esfuerza por manifestar lo que piensa, pero expresado, eso sí, de una forma original que nos hace percibir esas realidades de forma distinta a como estamos acostumbrados a verlas comúnmente. No obstante, hemos de referirnos a aquellos escritores cuya sensibilidad profunda admite caminos por los cuales andar. Aquellos escritores que marcan su vida a través de expresiones de una temática que los compromete con la misma vida. De allí que hacer clasificaciones sobre la temática femenina y temática masculina nos parece, en la mayoría de los casos, innecesarios pues hace que queden cada vez más marcadas las diferencias entre los dos sexos. Consideramos, eso sí, que debemos hablar más bien de literatura, así, en términos generales.
A través de la historia de la humanidad la mujer ha sido considerada como objeto al servicio del hombre, preocupada y ocupada, generalmente en labores de tipo doméstico y roles previamente establecidos por la sociedad discriminatoria en la que, obviamente, la mujer siempre lleva las de perder. No obstante esta condición impuesta por la sociedad, la mujer ha logrado, también, ubicarse en el sitial que le corresponde como miembro de esa sociedad. En nuestro país la mujer ha enfrentado muchos obstáculos en esa lucha, prueba de ello es su tardía incursión en la vida política y ciudadana. García Lorca identificaba a la mujer con todos los oprimidos del mundo. El se identificaba con ellos y con todas las personas que en esta sociedad no pueden expresar libremente su manera de ser. Por eso, tradicionalmente la literatura ha contribuido en la lucha de la identificación de la mujer con su verdadero papel.
La mujer, por lo tanto, en la literatura panameña ha incursionado en diversas temáticas que proyectan fielmente la comprensión de su condición social. De esta forma, en la estética de la llamada vanguardia los principios tienen que ver específicamente con la búsqueda, la angustia, la preocupación por la existencia del hombre, lo que lleva a descubrir las dimensiones de la muerte como material poético. Además, todo elemento de la realidad como del subconsciente tiene riqueza poética. La poesía se convierte en poesía de carácter intelectual, racional, producto de la cultura. Se proponen temas de carácter político y erótico, de igual forma el concepto de amor como concepción real. No obstante esa temática sufrirá las variaciones que la ideología del poeta le imponga.
El ser humano en la búsqueda de satisfacer necesidades de convivencia humana descubre los abismos que lo separan de los demás miembros de su especie. Así descubre que durante toda su vida se obligará a sentir que le hace falta perfeccionar esas formas de convivencia, buscará incluso explicaciones de esas desavenencias y se percatará de que existen procesos elementales entre representaciones aisladas, es decir, en los procesos que pueden ser desarrollados sin que se tenga en cuenta las variaciones interiores. En otras palabras, esas representaciones que la atención mantiene unidas son diferenciadas entre sí. Así, aparecen temas sobre la distancia, el tiempo, el espacio, la soledad:
viví demasiado
rápido
las penas
casi naufragué mis años en
tanta lágrima (...)
Moravia Ochoa
Hay otro proceso dentro de estas representaciones de espacios vacíos, es cuando surgen los llamados a la conciencia, en la búsqueda de explicaciones, pues el “escritor expresa su concepción del hombre y de la vida social y trata de descubrir las verdades más profundas del individuo y la interrelación con el medio -naturaleza y sociedad-, en algunas ocasiones con una actitud de testimonio o de denuncia”.
La literatura femenina, entonces, sucumbe ante la evidencia de lo inefable y de lo inalcanzable; en la certeza de que los mañanas son imprecisos, vagos y quiméricos.
Por otra parte, la literatura femenina se enfrenta al inevitable tema de la muerte. Como lo expresara Pedro Salinas, la muerte se constituye en un poder rector y conformador de la vida del hombre. De este modo, se busca manifestar el deseo de salvar la experiencia humana inmediata y elemental de la carencia que tiene el hombre de una forma exterior que lo aparta de la fugacidad de su estancia en la tierra y que lo conduce, inevitablemente a perecer. Y esta literatura que evoca paisajes internos de silencios y de sombras, no es más que la manifestación de la lucha contra la muerte. Hasta cuando se dice que hay resignación al morir, se proclama una claudicación de la lucha, pues se dice que dignamente se debe afrontar los hechos de la vida. Sin embargo, el poeta debe sufrir la doblez que significa la inmortalidad de la palabra, frente a la caducidad de su vida. No hay camino más duro que éste para el poeta:
Todo ha quedado en la paz del cementerio;
sólo persiste el duelo de tu madre,
su llanto silencioso
que se desgrana al compás de su rosario (...)
María Olimpia De Obaldía
Y es que el tema de la muerte, tema universal a través de la literatura que ha desarrollado el hombre, siempre ha ocupado un papel preponderante. Y esto es así en nuestra literatura porque en nuestro país, la historia nos indica que los hechos que conforman esa historia han quedado grabados como estigma en nuestra poesía nacional. Así, generaciones completas de escritores han nacido al amparo de hechos históricos significativos para nuestro país y su conformación como nación. Nos referimos específicamente a los acontecimientos de Mayo del 58, enero del 64, diciembre del 89 y otros que dieron pie a: “Al Cerro Ancón”, de Amelia Denis de Icaza, “Soberana Presencia de la patria”, de Diana Morán, “Mártir de Enero”, de María Olimpia De Obaldía, y tantos otros que dan a conocer, además de su concepción personal de la muerte, su amor y dolor por la Patria.
Por otra parte, hay una aproximación en la poesía de la vida con la muerte, traslación literaria del juego interior, dicha y desdicha, las apuestas, que se unen en la vida total del ser que las alberga y alimenta por voluntad propia, en un encadenamiento superior, por la dicha las desdichas, por las desdichas la dicha. Eterna e inevitable dualidad.
Una de las aspiraciones que logramos ver en la temática de la mujer es la búsqueda de una expresión que haga patente su decisión por lograr lo que se propone, de manera que se logre el amor en todas las situaciones, ya sean cerradas o abiertas, pues no hay duda que la génesis y el fin del amor es el amado, pero no la posesión de él, necesariamente, sino la necesaria lamentación por la imposibilidad de amor que generalmente lleva a la recompensa del olvido:
Con tu ojo largo,
tu boca gruesa
y tu beso amargo,
soñaría (...)
que se muere
de melancolía.
Rosa Elvira Álvarez
En este punto hay algunas consideraciones que hacer, sobre todo si verificamos que los sentimientos que embargan al poeta se ubican solamente en el que se otorga al hombre, y no a los sentimientos de amor imposible, en la imposibilidad misma de no poder traer al mundo los hijos que quiere, o la imposibilidad de la impotencia ante los hechos cotidianos que le destruyen y sensibilizan hasta transformar lo vivido en un todo que sólo existe en la imaginación del oyente o del lector, que engendra ilusión y produce, por la energía sensible de ese complejo de imágenes que ha logrado crear, un fuerte contenido emocional, un significado para el pensamiento.
En realidad instintiva el amor se concibe como una fuente física, contada directamente en su acto, como choque donde se hace presente toda nuestra realidad, desbordante al pensamiento y a la propia concepción. De otro modo se percibe al amor en un sentido más inmediato, aunque más elevado, suave y poético, extendido como luz sobre la cotidianidad del existir.
De una forma u otra la realidad a la que nos referimos nos permite trasladarnos a Vallejo y recordar que él concebía el encuentro con la amada de modo sencillo y sin detalles como un encuentro casual en un día cualquiera en cualesquier lugar:
Cuántas veces paseábamos del brazo
por el jardín, los dos,
como gentes que saben lo que tratan
hablábamos de amor.
Y él me dijo: está siempre en mis labios (...)
Nicole Garay
En la temática erótica de las escritoras panameñas no existe, evidentemente, la relación con el principio común, el cual determina que el sexo es una concepción orgánica y coherente con la vida sentimental, y de ese modo debe actuar como centro de la actividad vital entera del hombre.
(...) Una mujer insurrecta
que amasa el pan de la huelga
y ama de día a su hombre;
que alborota los caminos
sembrando huracanes y truenos;
que en noches de vientos calmados
aúlla en su cama de luna (...)
Gloria Young
Se supone que la existencia humana es un servicio de amor, y en ese servicio hallan cumplido campo de acción las virtudes todas del individuo. Servir al sentimiento del amor es un sendero que conduce a la perfección, aunque no se duda que es un sendero lleno de espinas:
(...) Hoy tus manos esperan,
y mi acento tiembla, gracia de amor,
porque la siembra debe seguir más pura,
y sólo cuento
con la porción de luz que recojo en el mundo
y esa creciente sombra que proyectan mis pasos.
Elsie Alvarado de Ricord
En los temas enmarcados dentro de este punto encontramos algún tipo de desinterés frente al egoísmo, paciencia frente al arrebato, obediencia frente a la soberbia, nobleza frente a la traición. Es la llamada Vía de perfección del hombre.
No se establece como representativos estos temas, pero consideramos que es importante anotar que el hombre, miembro de una comunidad biosocial, debe y enfrenta una serie de correspondencias entre las imágenes de la divinación. Los rasgos religiosos pueden catalogarse como subterfugios para explicar o justificar acciones del hombre en la tierra:
(...) repartiendo sus dones sin codicia,
sin mezquindades
-como enseña Cristo‑
María Olimpia de Obaldía
No hay duda que los hombres, al decir de Galeano, aprenden del catecismo a no hacer el mal por miedo. Miedo a los castigos y deseos de recompensa. Miedo al infierno y deseo del cielo. Otra dualidad inseparable e inherente al hombre.
Hay una tendencia en nuestras escritoras a arremeter contra lo temporal, porque se dirigen a la esencia misma de esa temporalidad: el tiempo. Por eso hay un profundo sentimiento de resignación a la fugacidad del tiempo. Lo que vendrá no durará más de lo que vino, esto es la memoria misma que nos angustia con esa certeza. Manrique quitó al tiempo toda realidad que no fuera la de pasar, la de dejar de ser. De esta forma, el mundo al dejarlo sin sus cimientos que es el tiempo, lo temporal, se derrumba bajo las plantas del hombre. Es la sensación de vértigo que se produce, como cuando uno mira desde un balcón hacia la calle y observa al ser que ama y no puede hacer nada para que se detenga porque las palabras se ahogaran en la impotencia y en la relatividad misma del tiempo:
Quiero ser rosa, botón;
ser celaje, rosicler;
ser todo, menos mujer
con memoria y corazón.
Ser ola muerta en la playa,
ser rosa que se desmaya
después de vivir un día.
Zoraida Díaz
Se persigue, en efecto, esa sensación de que hay que reducir el tiempo a la memoria o a la nada ya que el enemigo con el que se lidia es lo temporal. El tiempo viene a ser para el hombre la dimensión de su vida, pero también se puede percibir como la dimensión de su muerte.
Decir temas en nuestra literatura supone un planteamiento más o menos intelectual ante un objeto o asunto, contemplado y tratado con mirada interpretativa. Es la íntima sensación, la experiencia casi pura que se mezclan entre si en el hilo de la emoción. La poesía es, pues, la palabra en el tiempo como la caracterizó Antonio Machado. La palabra poética tiende a ser la más inmediata y menos abstraída de las que el hombre pronuncia fuera del uso práctico de la comunicación; la más sencilla y ancha de las que erige, escritas o cantadas, frente al torrente de los años, con pretensión de perdurar, las que se lanzan solas a andar por los caminos y los siglos. La poesía, como ya dijimos anteriormente, es la palabra que rechaza menos el tiempo, la que admite más plenamente en sí y se dedica más al tiempo, aunque parezca contradictorio.
Llueve,
llueve en mi alma:
las gotas son heladas
y se me van filtrando
por la porosa arcilla
de que hicieron mi vaso...
Llueve,
llueve en mi alma
con fuerza de chubasco...
un gotear incesante
de dolor se ha calado
con tenaz desenfreno
hasta en mi último átomo...
Sentirás la muerte
si tocaras mi vaso,
porque están sus contornos
enmohecidos y helados.
Llueve,
Llueve y mi cántaro
destila un jugo amargo
desde que cayó tu ausencia
sobre él, como un chubasco
Ana Isabel Illueca
A fin de cuentas, no debemos dejar de tener presente que la poesía consiste en las palabras, y que todo lo demás existe en la medida en que esté dado en palabras, hablamos de las sensaciones y las cosas que hacen que la poesía exista, ya que el lenguaje es el acto supremo del hombre y el que en verdad termina de hacerle hombre y lo revela como tal.
BIBLIOGRAFÍA
Poética, de Wilheim Dilthey. Edit. Losada S.A., Buenos Aires
Letra Viva, de Dimas Lidio Pitty. Edit Formato 16, Panamá
Estudios sobre la palabra poética, de José María Valverde. Ediciones Rialp, S.A.
Materia y Forma en Poesía de Amado Alonso Editorial Gredos S.A. Madrid.
La literatura Panameña de Rodrigo Miró. Panamá.
Poesía panameña contemporánea, de Enrique Jaramillo Levi. Edit. Penélope, México, D.F., 1982, segunda edición aumentada.
Antología de Panamá. Parnaso y prosa, de Agustín del Saz.
*Ponencia presentada en la Mesa Redonda
sobre “La mujer panameña como creadora literaria
y sus temas”, el 25 de septiembre de 1991,
en el Auditorio del Instituto Alberto Einstein
de la ciudad de Panamá.
Mariafeli Domínguez
Publicado en: Intentemos la utopía. Memorias del Primer Encuentro Nacional de Escritores Jóvenes 1991. Instituto Nacional de Cultura. Antologías y Homenajes 2.
Inicio | Poetas | Poemas a la patria | Himnos | Niños | Historia | Libro de visitas