|
|
|
Para Alcibíades Arjona
afectuosamente
|
|
Ante el cuadro premiado, que tanto nos seducía, el Maestro contónos:
|
|
-Este cuadro es real. Yo vi a los dos amantes en el campo solitario marchar unidos del brazo; ella siempre bella; él siempre bueno. En el sendero florecían las manzanillas color de oro y desde sus tallos enhiestos, entre el ropaje verde—oscuro de sus hojas, aromaban al aire las gardenias. El horizonte de la vasta llanura permanecía límpido y sobre el azul impecable del espacio no se dibujaba entonces un solo celaje, ni aun parpadeaban con ansias de vida, las estrellas de la tarde.
|
|
El canto agudo y monótono de un grillo oculto en la grama, quebraba a ratos el silencio triste y adormecedor.
|
|
El entonces la dijo con voz tenue y dulce: Te quiero mucho; tanto como la luz al sol… y ella, toda ruborosa, repuso.
|
|
-Sí, amémonos, la vida solo por el amor es soportable.
|
|
Y sus cuerpos se estrecharon; sonó el chasquido de un beso largo en que había convulsiones robusta de vida, beso que se daban labios repletos de sangre poderosa, y entonces la luna –antes velada por las nubes- dio desde el cielo su luz de plata al cuadro. Que animaban la juventud y el amor.
|
Alejandro Dutary (Romeo).
Cuento publicado en:
El Heraldo del Istmo, Año III, #64. Panamá, Agosto 30, 1906.
|