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Sólo cuando se siente aquí en el pecho
ese querer romper el alma toda,
ese minimizarse en mil pedazos,
ese volverse sombra entre los brazos;
sólo entonces será que se haya muerto.
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¡Tenerle acaso apego a las aristas,
desear ese variar del ser inmóvil!
¡Es acaso espejismo humanizante
una triste morada entre los bosques?
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Loca será la vida transformada:
la pupila feliz, las manos suaves,
la sonrisa sutil, la leve brisa;
la brillante mirada del amado.
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No, la caricia lejos del regazo.
Sí, la fuerte atadura de los lazos,
para estar en la tierra enriquecida
como una blanca flor en el verano.
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Del libro Una Rosada Estrella en la Vendimia, 1969
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