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ESTÓMAGO de piedra, tú no llores
la cotidiana hambruna que te mata.
Oh máquina de miel, tú fructífica,
nútreme sin cesar así me duela.
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Vamos los dos por el camino largo
de la marcha sin pan que ya conoces.
A falta de maíz, yerba tendremos,
cáscaras, tierra en fín, barro, cenizas.
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Por tí palpita el corazón de hierro,
y el músculo se estira y forcejea.
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Eres el ojo de agua en el desierto;
la brasa en el fogón, bajo las ollas;
la mina de la sangre, la sonrisa;
la plenitud del hombre, su piloto.
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Roja fragua de leche, tu no llores.
Aunque te lleve asido a las costillas
tritura la miseria y...adelante...
para vengar el hambre de la tierra,
hacia el sonoro día en que todo sea
campos de amor y pan y alegrías.
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Del libro: Poemas Corporales
Segundo Premio del Concurso Nacional
Ricardo Miró
1955
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