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Homero Icaza Sánchez y el intranquilo fuego del amor,
por César Young Núñez


Homero Icaza Sánchez y el intranquilo fuego del amor

Xilografía de Manuel Segalá en Poemas para cuerdas

Luigi Giuliani es el autor de una Antología Poética del Renacimiento donde es posible advertir que el soneto “procede del laboratorio poético de la corte palermitana cuyo instrumento expresivo era el siciliano áulico vertido en endecasílabos”. Se trataba de una forma métrica que tuvo una rápida aceptación de todas las literaturas europeas que, según Giuliani, fue inventada por Giacomo da Lentini sobre las coblas esparsas provenzales.

El punto de partida tiene lugar a finales del siglo XIII con la eclosión de la escuela conocida como Stil Nuovo representada por nombres tan singulares y relevantes como los poetas Guido Guinizzelli, Guido Cavalcanti y Dante Alighiere entre otros.

En el Canzoniere de Petrarca del siglo XIV, una colección de 366 poemas, aparecen 317 sonetos que alcanzan una altura extraordinaria dentro de la sensibilidad poética que giró en torno a la célebre historia de amor entre el poeta y su musa Laura y que, además, tiene una íntima relación con su vocación de laureado. Otros modelos a la sombra del petrarquismo fueron los casos de Pietro Bembo en Italia, Garcilaso de la Vega en España y Pierre Ronsard en Francia. En España, el nunca bien admirado y ponderado Marqués de Santillana, ya en el siglo XV, había escrito los sonetos fechos al itálico modo que como se sabe tenía el propósito de adaptar los ritmos italianos a los oídos castellanos. Quiero recordar aquí, especialmente, a Camoens de Portugal y sus bellísimos sonetos Amor es fuego y Alma mía gentil que te partiste. En Inglaterra sería imperdonable no recordar los maravillosos Sonetos para diferentes aires de música de Shakespeare.

En Panamá, la excelencia del soneto, bajo las estrellas de Petrarca, Cavalcanti, Camoens y Sor Juana Inés de la Cruz, ha tenido a Roque Javier Laurenza y Meco Fábrega como sus mejores cultores. A esos nombres debo añadir y destacar a Homero Icaza Sánchez, poeta panameño radicado en Brasil, que motiva estas líneas y a quien debemos Las Arras del amor, una Corona de Sonetos publicada en 1998.

Según su confidencia, esta corona de sonetos es una pasión antigua y fue despertada, concebida, y escrita en 1966 por una sugestión de su maestro, el poeta Manuel Bandeira. Señala Icaza Sánchez que “la sugerencia se transformó en desafío, dada la difícil estructura de este tipo de composición, joya de la poética italiana, incorporada a la literatura española por los poetas del Renacimiento”.

Mi inolvidable amigo Stefan Baciu publicó un libro en 1966 dedicado a Manuel Bandeira, considerado el máximo poeta del Brasil, titulado Manuel Bandeira, De Corpo Inteiro. Del capítulo 5, titulado Entre jóvenes y extranjeros, ofrezco una versión al español del fragmento del texto en portugués, donde comenta la relación amistosa entre Homero Icaza Sánchez y Manuel Bandeira: “Entre los extranjeros, hijo brasileño por adopción, al que Bandeira abrió su corazón, se contaba el dilecto amigo y poeta panameño Homero Icaza Sánchez, una de las más altas expresiones poéticas del Istmo Centroamericano. Llegado a Río de Janeiro como joven becado para la carrera de Derecho, trabó amistad con Bandeira quien en poco tiempo se convirtió en su padrino literario. Además, Icaza Sánchez se encargó de organizar una edición de sus Poesías Escogidas editadas por la Casa del Estudiante del Brasil. En aquella ocasión, Homero fue designado como director de una colección antológica de poesías brasileñas que no sabemos por qué razón dejó de ser publicada”.

Los Arras del Amor, es una carpeta de lujo con ilustraciones de Carlos Sclier, publicada, armada y paginada en una computadora por un grupo de amigos. Homero manifiesta que “para los poetas de la segunda mitad del siglo XX, Nobert Wiener y las computadoras tienen tanta importancia como Gutemberg y los tipos móviles para los poetas manuscritos del siglo XVI”. Para mí, la simbiosis de esta aventura ciberpoética donde están correlacionadas la más sofisticada tecnología y la más refinada concepción poética, reafirma el panorama inusitado de un campo abierto a realizaciones de variada índole en el nivel editorial y de la comunicación poética.

Homero Icaza Sánchez nació en Panamá en 1925 y se graduó en el Colegio de la Salle. En 1944, con una beca viaja al Brasil. En 1947 publica su primer libro de versos titulado Primeros Poemas. En 1956 publica su segundo libro Poemas para Cuerdas. Posteriormente publica una traducción bilingüe junto con el poeta Manuel Bandeira del Rubaiyat de Omar Kayyam (Bandeira al portugués y Homero Icaza S., al español). En 1998, como señalamos, publica Las Arras del Amor.

Xilografía de Manuel Segalá en Poemas para cuerdas

Homero Icaza Sánchez y Roque Javier Laurenza coincidieron en Brasil por la misma época y ambos se ocuparon en dar a conocer y difundir la literatura panameña. Quisiera recordar aquí el inolvidable opúsculo de Roque Javier Laurenza titulado Campos de juegos donde recoge versos sociales, de albúm, cortesía, un género de versos que se conoce como versos de circunstancias que para Alfonso Reyes era una buena costumbre que hoy se ha perdido. Pues bien, Manuel Bandeira, maestro y amigo de Homero Icaza Sánchez, tiene un libro titulado Mafuá do Malungo y otros poemas, con el subtítulo de Versos de Circunstancias y vale la pena extraer un recuerdo de Bandeira donde el poeta jocosamente establece un diálogo en inglés con el poeta panameño:

Are you Homer?
Oh no. I'm Icaza Sánchez.
Then a malungo? (I)
Definitely!
Well, here you are!

Su poesía involucrada con la tradición cortés, con el brillo renacentista que se abre paso a través de una revaloración de la naturaleza del amor desde el punto de vista de su conmovido mundo afectivo, constituye el núcleo íntimo y lírico de su experiencia poética y erótica. Un amor con sentimientos cruzados de gozo y sufrimiento como cuando finaliza solicitando al Amor: “amor sin el dolor de ser amado / ni de mi amor sufrir dichosamente”, porque como diría Octavio Paz de Petrarca y yo lo traigo a colación para iluminar el sentimiento del poeta: “él mismo es el teatro de combate de pasiones opuestas”.

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(I)Malungo: Compañero, colega de la misma clase. Los negros africanos llamaban así a sus compañeros esclavos en el barco cuando viajaban.


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César Young Núñez.

En: Crónicas de rutina. Caracas: Miro Popic Editor, 2005.


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