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¡Oh las tardes melancólicas sombrías!
Oh las tardes apacibles y calladas
cómo evocan en el alma los recuerdos
esas tardes ........
que se cubren en un manto de tristezas y agonías.
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Esas tardes que yo admiro, sólo dejan
en el cielo, vagamente, una tenue débil sombra
que dibuja los contornos de la sierra,
o de un árbol majestuoso
la magnífica silueta;
y una luz que tímida arde y que al soplo
suave y lento de la brisa rumorosa muere al fin.
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Oh! esas tardes que semejan
los recónditos pesares de las almas afligidas,
son las tardes que yo adoro;
porque en ellas,
veo la frente pesarosa, las pupilas adormidas,
corazones que destilan sus dolores, a raudales
por hondísimas heridas!
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Oh las tardes melancólicas y obscuras!
Oh las tardes dolorosas de mi vida!
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Del libro: Nieblas del Alma.
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