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Erase un tejedor muy avisado
que sólo jerga en su taller tejía
y como hombre muy justo y arreglado
trabajaba incesante todo el día.
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Otra tela jamás en sus talleres
aquel obrero colocar podía,
y en vano su mujer le repetía
que otros ganaban pesos a millares,
pues el pobre Serapio contraído,
jerga no más con entusiasmo hacia
mientras Quiteria alegre se reía
en las barbas canosas del marido.
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¿Por qué, le preguntaba la Quiteria,
no tejes tú Serapio cosas finas,
para llevar como otros a la feria,
y que yo nada envidie a la vecina?
Vaya mujer repúsole su esposo
seda voy a poner en mi tejido
y ya verás que chulo, que lucido
saldrá de mis talleres un reboso.
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En efecto, la seda destrenzada
fue colocada en el taller añejo,
mas era tan distinto el aparejo
que la seda doquier se reventaba,
torpes las manos del honrado obrero
extrañaban la jerga y sollozaba
y más y más aquella se enredaba
y más y más luchaba el majadero,
hasta que al fin cansado, palpitante,
a su mujer volvióse enfurecido:
ya ves Quiteria,--díjole,--el tejido,
tiene que ser más fino y más tirante,
esta seda en mis manos se destroza
y fue muy loco pensamiento el tuyo,
abandoné mi jerga por orgullo
cuando nunca al telar puse otra cosa.
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Existen muchos seres que pretenden
alto, muy alto levantar el vuelo
cuando sólo las aves que lo entienden
pueden sus alas remontar al cielo.
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1879
Del libro: Hojas Secas. 1927
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