|
|
|
DEDICADO A MI QUERIDA AMIGA
CONCHITA PEÑALBA DE ARGÜELLO
Concha es tu nombre, Concha nacarada
que guardas en tu centro como don,
una perla riquísima y preciada
que puso Dios en ti, tu corazón.
|
|
Existe en el idioma de las flores
un lenguaje tan dulce y seductor,
que los ángeles mismos lo estudiaron
para cantar sus himnos al Señor.
|
|
Ellas encierran cuanto el mundo tiene
de sublime y grandioso en su extensión,
y en sus pétalos guardan un perfume
que aspira con delicia el corazón.
|
|
Y cuentan que en la noche silenciosa
las vírgenes del coro celestial
aéreas y vaporosas las visitan
y se van en la aurora matinal.
|
|
Cuentan que Eva en el jardín divino
entre las flores se solía dormir
y que el perfume de sus frescos labios
triste y llorosa les dejó al partir.
|
|
Y me cuentan que Adán viéndola triste
una flor delicada se robó
que al mirarla proscrita y olvidada
el hurtado presente le entregó.
|
|
Ella, en recuerdo de su amor soñado
esa flor en su seno colocó,
arrancó una semilla del regalo
y en tierra americana la sembró.
|
|
Seca la flor en el ardiente seno
un aroma divino conservó
ella lo unió de su ventura al ramo
y su existencia con la flor juntó.
|
|
Yo te mando una copia de ese ramo
en tus manos Conchita bien está
Adán se la robó del paraíso
y le puso por nombre "Resedá".
|
León, Nicaragua, 1900
Del libro: Hojas Secas. 1927
|