|
Mi país es una fruta triste.
Por sobre el cementerio,
un mundo nos vigila,
desde bases militares agresivas.
Alguien ha dicho que en 1903
la patria nació coja
para que avanzara
le dieron un rudo bastoncito:
el Tratado Hay Bunau Varilla.
Hoy nadie lo discute
los próceres tuvieron en su pecho
la idea del patriarca Justo Arosemena
que en el siglo XIX, desde la tierra soñada
por el poeta demócrata Walt Whitman
dijera con dolor tremendo:
“me duele el destino de mi patria”
Mi país es una manzana lacerada;
desde una larga avenida
perros hambrientos, albañales,
muerden la carne de la vaca.
Mi país es una fruta triste
que la han chupado los gañanes
señoritos de levita y uniforme.
Mi país tiene un rostro de amargura
pero por sobre los inmensos desaguaderos
mi patria limita, al este de mi corazón
con la rebeldía y la esperanza.
|