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Uno avanza sobre tumbas
de prevaricadores,
políticos farsantes
sifilíticos de almas
y burladores de tristezas,
reyes, príncipes de palacios
de pátina y ludibrio;
y piensa en el gusano hambriento
como nivelador antropológico.
Luego uno visita y camina meditando,
sobre tumbas de gentes que hicieron
de Clowns
payasos disfrazados
para vencer temporalmente el hambre;
dementes que despidieron la vida
peleando contra imaginarios fantasmas
poetas, filósofos, alquimistas del verso
y de la idea
que arrastraron los combates del Dios Pluto,
y uno siente entonces
que la inmortalidad existe,
pues en cada una de esas fosas
se escuchan trinos melodiosos
de auténtica vida respirando.
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