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Era un militar ejemplar
y como tal fue condecorado
por Washington Sociedad Anónima.
Sus galardones brillaron
como luces nocturnas.
El cráneo pelado
de un pigmeo de Sumatra,
la oreja congelada, y peluda
de un indio Sioux,
los enormes senos, tentadores,
de una esbelta africana,
el hígado triturado
de un diminuto soldado vietnamita
y de la América un cóndor
que en su discurso de aceptación
afirmó, debería formar parte
de la bandera de su patria.
Confesó—Líricamente‑
ante el aplauso de miembros del Senado
y del Pentágono:
—que todas esas condecoraciones
las prefería a la orden
de Abraham Lincoln—.
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