Señores:
Rogelio Sinán, Roque Cordero, Eudoro Silvera, Renato Ozores, Tristán Solarte, Alberto Dutary, Joaquín Beleño, Franz García de Paredes, Carlos García de Paredes, Ricaurte Soler, José de Jesús Martínez y Joaquín P. Franco S.
Estimados amigos:
Con motivo de mi visita a Panamá -después de 10 años de ausencia y de 17 de residir en el Brasil- he tenido la oportunidad de dialogar con ustedes, en el deseo e interés sinceros de encontrar una explicación para el problema de sobrevivencia cultural que atraviesan intelectuales y artistas en Panamá.
La primera impresión que tuve -ante la respuesta categórica de algunos de ustedes- fue la de que Panamá, por una serie de factores que comento más adelante, no era terreno propicio a la creación literaria o artística. Y fue de tal forma unánime y espontánea la reacción de la mayoría que llegué a pensar en la emigración de todos... aunque fuera para San Blas -país de elevada cultura intelectual y tradicional sensibilidad artística.
Sin embargo, ahondando más el problema y consciente de la reacción que pueda provocar esta carta (entre las cuales debe contarse como más probable la ausencia de cualquier reacción) considero un deber, como intelectual y como panameño, dirigirles estas líneas para exponerles mi opinión.
Para que no pequen de livianas mis opiniones examinemos, brevemente, el desarrollo cultural de Panamá desde su independencia:
Estos han sido, "grosso modo", los capítulos de la historia cultural de la República.
Sin embargo, contrariando la ley natural de las cosas, la situación actual del intelectual o del artista panameño es la de un renegado, dentro de su propia tierra.
Las razones de ello, según he podido deducir, son las siguientes:
Y entonces el pueblo, el pueblo que antiguamente leía El Tiempo de Bogotá, que tenía suscripciones de revistas extranjeras, que asistía en el Instituto Nacional a ver desfilar los mas importantes intelectuales y conferenciantes del mundo, se confunde y se ha creado una tabla de valores en la que las cosas del espíritu se miden por yardas de diplomas y la obra de arte se juzga por el prestigio o posición política de su autor sin importar el valor de la obra en sí.
Dos soluciones se nos presentan: 1) Irnos todos, 2) Iniciar una acción de profilaxis cultural. La primera es la más fácil. La segunda parece más noble.
Los convido pues, por este medio, a ustedes y a todos los que crean en la cultura seriamente (sin que sea necesario justificarla con créditos y diplomas) a iniciar una labor de revisión cultural del país, criticando honestamente todas las publicaciones, obras, opiniones y actitudes de verdaderos y falsos intelectuales, levantando el pasado histórico de la Patria, interpretando de acuerdo con las teorías modernas nuestro folklore, y, por último, creando obras de arte. Para que el pueblo pueda, en esta forma comparar. . .
Si no lo hacemos ahora, las hormigas con diploma y créditos de semestres nos devorarán en Agosto...
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HOMERO ICAZA SÁNCHEZ
Publicado en la Revista Tareas No. 3, Año I, Panamá, marzo-abril de 1961.
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