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Arte y espíritu en Los susurros de la casa, de Mariafeli Domínguez

por Delia Peña Trujillo


Acrílico de Alexandra Flores - 2013

Cualquier propósito de acercamiento a un texto literario debe centrar el ánimo en una pieza artística nacida, como bien lo afirma Rafael Lapesa, de las actividades espirituales del hombre, para crear belleza. Y cuando de poesía se trata, como sucede con Los susurros de la casa, de Mariafeli Domínguez, apoyarse en la certidumbre de que, en el contexto de la literatura la obra poética ejerce un liderazgo incontrastable.

Muy presente debernos tener, también, que la poesía pertenece a las artes acústicas —artes rítmicas—, pues emerge como resultado de combinaciones sonoras, susceptible de ser apreciada tanto en su versión oral como en su representación escrita.

Las construcciones poéticas aparecen presididas por el lenguaje literario; sus propiedades estéticas rebasan lo puramente denotativo, en virtud de los componentes emotivos que le sirven de soporte y que el literato selecciona, de acuerdo a sus apetencias artísticas y su voluntad.

A esa realidad se enfrenta el receptor, quien decodifica el hecho literario a la luz de su sensibilidad, sus valoraciones estéticas y su nivel intelectual.

La significación de un texto apunta hacia tres direcciones: sensorial, lógica y afectiva, afirma Marcelo Pagnini. Y agrega:

“El conjunto semántico tiene tanto en el poeta como en el destinatario relaciones bastante acusadas en lo profundo (inconsciente, preconsciente, subconsciente, étimos psíquicos, individuales y colectivos). A ello se debe mucho de lo que en poesía solemos llamar misterio o inefable”. (p. 20)

El estudio de una obra determina, en consecuencia, su método de análisis, con el respeto, eso sí, del pape que en esto juega el punto de vista del destinatario.

Para Los susurros de la casa situamos nuestras observaciones —al estilo de Saussure— en las relaciona paradigmáticas, encaminados los pasos hacia la meta que la elocución lírica de Mariafeli Domínguez concentra en los 87 versos que constituyen la elegía por Margarita, compuesta por diez poemas breves que transparentan una actitud reflexiva acerca del amor y el valor de los lazos familiares.

Los diez impulsos expresivos de la elocución lírica dedicados por la autora a «mamá Linte», tienen una estructura fonemática, con indicadores estilísticos dispersos a través de la composición, cuyas explicaciones ganan espacio en el haz de signos que los representa.

Dos planos se privilegian: expresión y contenido. Se trata de una estrategia discursiva sustentada, en primera instancia, en los niveles que la lengua aporta. Mas, para adentrarnos en los susurros del espacio lírico, seguiremos las pautas autorizadas por las estructuras del texto, según vemos cumplirse el desenvolvimiento del tema, sobre y en los efectos sonoros otorgados por los giros del lenguaje. En este orden citamos:

I. EL PLANO DE LA EXPRESIÓN.

1.1 Nivel métrico fonemático.

El análisis de un material poético solicita colocar, en lugar de especial relieve, todo cuanto informa acerca de los elementos que configuran el ritmo, factor primordial en cualquier poesía que se precie de serlo.

Generalmente, los poetas se sirven de recursos métricos y acentuales que, sumados a la puntuación, deciden cadencias, tonos e intensidades, indefectiblemente ligados a la significación total propuesta por la obra.

En el estudio que en este momento nos ocupa, no pararemos mientes en acentos y rimas ni en la organización estrófica que se regule con los principios constructivos de la poesía tradicional. Halaga nuestras observaciones, sin embargo, la espontánea recurrencia acentual en la penúltima sílaba, porque quizás hay en la reiteración de la intensidad grave, polos convergentes con las designaciones semánticas*.

Los susurros de la casa es poesía actual y sigue procedimientos técnicos del versolibrismo. No obstante, y aunque no nos detengamos en mediciones versales, dejamos sentada la condición heterométrica de la composición que entreteje arte mayor y arte menor, con la elasticidad propia de las estructuras vigentes heredadas de la vanguardia poética.

Indisolublemente unidas a las características del versolibrismo se apareja la desigualdad de las estrofas. Desde el conjunto número uno, hasta el número diez, ofrecen la alternativa de agrupaciones de cuatro, tres, cinco, dos y un verso, en un ir y venir de acompasados pasos que van formando correspondencia entre lo fonético y lo comunicativo.

En estrecho vínculo con la organización estrófica están los versos que la constituyen; su distribución crea un ritmo esencial controlado por unidades melódicas y encabalgamientos suaves que prolongan o extienden sus elementos, hasta las evidentes pausas señalizadas por grafías de puntuación para, en esa conexión, conseguir efectos a través de los cuales apreciamos:

  1. Mantener equivalencias temáticas.
  2. Lograr interacciones fonéticas (aliteración).
  3. Amplificación o terminación de ideas expresadas en una anterior.
  4. Relaciones de causalidad.

Buen ejemplo de ello se aprecia en la obra pero, a manera de ilustración, citamos las correspondencias indiscutibles entrelazadas entre los números uno y dos, con el número tres y que, lógicamente, apuntan hacia simbolismos donde subyacen los sentimientos que cobran forma en el poema.

                                              1.
                                  Una vez,
                                  la vieja casa, en mitad del recuerdo,
                                  alejó los presentimientos
                                  y atrajo remembranzas.

                                              2.
                                  En cada mano,
                                  un grano de la vida se aprieta como
                                  raíz a la tierra.

                                  Madre de las brasas,
                                  del maíz y de la leña.
                                  Buscamos en tu vida
                                  la razón de la casa
                                  en los tibios ropajes del silencio.

                                              3.
                                  Todos sabíamos que
                                  buscaba la eternidad
                                  en la anchura del recuerdo.

                                  Recogía de la prole,
                                  el bullicio de la infancia
                                  para esparcirlo
                                  en las esquinas de la nada
                                  a la hora del hogar humedecido.

                                  La forma de la ternura
                                  agota los suspiros de la luna.

                                  Ahora,
                                  sabemos que eres tú,
                                  la ceniza que sigue trazando el destino
                                  de los vivos.

Entre las iteraciones fonéticas desempeña excelente beneficio la aliteración de la «s», en el sentido de que adquiere funciones de significante y reafirma las correlaciones existentes entre lo fonético y lo comunicativo.

Otro hecho fonemático que capta nuestro reconocimiento, en el fluir del estilo descriptivo empleado por la poetisa, es el vocalismo. No escapa a nuestra óptica que, a través de los diez momentos, se conserva el impulso vital de rendir homenaje a la diáfana presencia de la matriarca Samaniego Quintero.

la prevalencia de las vocales claras sobre las oscuras —570 vs, 234— son portadoras de una carga semántica que mira, certeramente, en dirección a un nombre: Margarita. Vocablo tetrasílabo con estructura de vocales claras. Esto, en el esquema rítmico, parece indicar que vocales y consonantes funcionan al unísono como elementos significantes y melódicos.

1.2 Nivel Morfo-sintáctico

Es necesario destacar que entre el lenguaje convencional y el literario hay diferencias, a pesar de que las fuentes de donde emana la materia prima responde a las mismas normas.

Los poetas lo saben y van hacia el caudal léxico a tomar los elementos que, en singulares esquemas sintácticos, actúan para ajustar forma e ideas.

Esto se mide en el régimen de sintaxis y morfología, para determinar las posibles funciones que las frases cumplen en la obra literaria portadoras, quizás, de escondidos mensajes que la estructura superficial omite e identificables sólo, si se buscan en el ámbito de las estructuras profundas planteadas por la teoría generativa.

En lo relativo a la presencia y orden de las palabras en la frase nos atrevemos a juzgar, como artificios intencionales, los siguientes. **

  1. Frases aclaratorias (N° 1, N° 5).
  2. Sujeto tácito (N° 2, N°3, 6, 9).
  3. Construcciones en hipérbaton (Ver poesía N° 2).
  4. Oraciones subordinadas que por razón del encabalgamiento, abarcan más de un verso (Ver el poema N°2).
  5. Elipsis de fonemas entre los cuales el más significativo es el zeugma presente en los modelos dos, tres, cuatro y cinco.

La lectura de estos versos exige fijar muy bien la mirada en lo que deliberadamente o no, constituye propósito del texto.

El interés estético en tales casos puede localizarse tal vez, como explica José Domingo Caparrós, en el alargamiento de la expresión para, con este artificio, prolongar la atención y detenerla con mayor firmeza en el mensaje.

1.3 Nivel Léxico-semántico

El contexto verbal de los versos que componen Los susurros de la casa, está en íntima relación con el idiolecto de la autora y concentra su significado en el terreno de las designaciones que guían la obra total.

No es menester hurgar en el texto las claves orientadoras de contenido elegíaco. Basta la dedicatoria del mismo, para saber que estamos en presencia de un canto lírico mediante el cual se expresa la pluralidad de sentimientos que bullen en el alma cantora que le sobrevive a la abuela.

En este orden observamos, como expresión consustancial a su estilo, el empleo de vocablos portadores de semas que guardan en su interior los significados de vida y muerte, con el correspondiente énfasis de que donde prevalecen las razones de amor, la primera se impone.

La referida oposición se evidencia en las siguientes voces:

                                    Vida                                                 Muerte

                              1. Vida                                                 1. Eternidad

                              2. prole                                                2. Eres la ceniza

                              3. bullicio de la infancia                    3. Eras la voz

                              4. hogar                                               4. Eras el tierno susurro

                              5. vivos                                                5. Latidos de tristeza

                              6. fresca risa                                       6. Ya no se regocijan

                              7. Cascadas de ternura irrigan        7. Hora de la partida

                                  los cantos infantiles

                                                                                            8. Puerta del olvido

                                                                                            9. La cicatriz del alma me duele

                                                                                            10. Calor de ausencias

El triunfo de la vida se inscribe también en la abundancia de verbos que expresan acciones dinámicas en presente y que, por estar en mayoría, dominan el campo de estadios temporales únicamente admisibles en el terreno de la historia

Citamos, por ejemplo:

                          Pasado                                Presente

                          Alejó                                    Aprieta

                          Sabíamos                            Buscamos

                          Buscaba                              Agota

                          Recogía                               Sabemos

                          Era                                       Eres

                                                                       Sigue

                                                                       Refleja

                                                                       Percibe

                                                                       Cierra

                                                                       Abre

                                                                       Invade

                                                                       Asomamos

                                                                       Salta

El plano referencial se enriquece, además, con vocablos evocadores de las tendencias modernistas. Nos referimos, particularmente, al mes de octubre. Directamente nos remite a tiempo, mas por las connotaciones del lenguaje literario, hacemos de este sustantivo un agente que trae consigo oscuridad, tormenta, nostalgias y lluvia. Selección que en el ámbito de las asociaciones, por obra y gracia de los simbolismos, reporta notas cromáticas ligadas al luto y reacciones emotivas vinculadas al llanto, representado por la lluvia evocadora de las lágrimas.

Consideramos que en la oposición muerte-vida, oscuridad-claridad, es útil la selección léxica de sustantivos que conforman un marco-signo cuyas irradiaciones connotan las diversas tonalidades del negro y el blanco o de oscuridad y claridad:

                          Claridad                                Oscuridad

                          1. Brasas                                 Cenizas

                          2. Leña                                  Lluvia

                          3. Luna                                  Noche

                          4. Aurora                              Humo

                          5. Día

                          6. Espuma

                          7. Verano

                          8. Cascada

                          9. Sol

                          10. Estrella

                          11. Lámpara

                          12. Luciérnaga

                          13. Río

                          14. Naranjo en flor

La selección léxica fluye enteramente semiotizada hacia un objetivo y va cobrando visibles dimensiones, a medida que nos compenetramos con el texto. Así como vamos leyendo, vamos caminando en dirección a un retrato femenino que se ahonda y crece con las imágenes puestas al servicio de su nombre.

1.4. Nivel Retórico

En el proceso de semiotización de la lengua y jerarquización de la misma hemos decidido quedarnos, para la razón de nuestro análisis, con la metáfora. Hemos percibido que la fuerza metafórica absorbe otros recursos estilísticos.

En esa línea de pensamiento, la aliteración de la «s» adquiere matices metafóricos y reafirma el valor de los sonidos en relación con otros campos sensitivos.

La aliteración de la «s», opina José Domingo Caparrós, significa silencio. Agregamos, ternura y suavidad.

Por aquello de las sensaciones sinestésicas, pensamos que lo acústico se desplaza hacia lo táctil. En la primera situación, ofrece la metáfora del silencio de la muerte y, en la segunda, la metáfora de un temperamento que prodigó, con su ternura, la suavidad de su presencia hoy recogida en Los susurros de la casa, para “seguir trazando el destino de los vivos”.

En la ruta de las metáforas hacernos un alto obligatorio en las siguientes:

  1. El canto de la aurora era la voz en la fresca risa de los hijos.
  2. un nombre de flores animando el día
  3. su mirada, espuma de corriente virgen era...
  4. o el rapto del río en la hora del verano o el bullicio de los naranjos en flor
  5. una cascada de ternura

Si hacemos una abstracción léxica encontramos ocho conceptos ideológicamente afines, para significar el nombre de la abuela.

Margarita (es blanca)

Aurora

nombre de flores

espuma

virgen

río

verano

cascada

Dicho de otro modo, traza un inventario conceptualmente homogéneo con el que logra significar, cromáticamente, el amado nombre.

II. EJE TEMÁTICO Y MOTIVOS

Diez tiempos, veintiséis estrofas y ochenta y siete versos, son la cubierta que envuelve un sentimiento: significado de la existencia de un albo y aromático nombre en la vida familiar “que recogía de la prole el bullicio de la infancia para esparcirlo en las esquinas de la nada a la hora del hogar humedecido”.

Antes hemos dicho que la obra gira en torno al tema de la vida frente a la muerte. A ello sumamos soledad y tristeza. Uni­dades de contenido universales y eternas que, ante la realidad de lo que fue el ser hoy convertido en cenizas, pasan a ocupar funciones de contraste en las macroestructuras del texto lírico.

En relación con las estrofas y su contenido temático, reconocemos una división bipartita: Del uno al cinco, vida; del seis al diez, muerte. Estimamos que entre ellos no hay parte principal ni parte secundaria. Son dos unidades que se alimentan mutuamente por medio de correspondencias consecuenciales y del itinerario de una biografía individual decisiva en el rumbo de su prole.

Estilísticamente, la narrativa poemática se desliza sobre una serie de relaciones de causalidad:

1. El momento número tres expresa lo que se indica en los momentos uno, dos, cuatro y cinco y están en función con lo que se sintetiza, desde el número seis, hasta el diez:

Por todo lo que ella fue:

Ahora sabemos...

que:

  1. tenemos recuerdos: “la vieja casa, en mitad del recuer­do, alejó los presentimientos”.
  2. su presencia se expresa metafóricamente —era el pan seguro— “Madre de las brasas del maíz y de la leña”. “Una mancha de café en el vestido”.
  3. era un manantial de ternura: “Un nombre de flores ani­mando el día era el tierno susurro del regaño”. “Una cascada de ternura, irriga los cantos infantiles en el patio de la casa”.
  4. garantizaba descanso y vacaciones felices “o el rapto del río en la hora del verano”.

Por eso, “Ahora sabemos que tú eres la ceniza”

  1. Hay soledad en la plaza
  2. Hay latidos de tristeza
  3. Los niños no se regocijan con la mirada de la madre
  4. “...el silencio de la casa que acumula la tierra en que nacimos”.
  5. ¡Tanto silencio en la pared!
    ¡Tanto hogar que hoy oscurece!

 

Por eso —incluimos en el momento ocho—, una puerta se abre con los recuerdos y, acaso, puede cerrarse a causa del olvido, porque “una puerta se cierra cada vez que damos la espalda”.

Por eso, también hay noches de ausencia y despertares de soledad y tristeza —indican las metáforas finales.

Comprendemos, tras este ejercicio que el Zeugma registrado en los momentos cuatro y cinco es fundamental entre los recursos literarios empleados. La ausencia del verbo obliga a prestar mayor atención al mensaje: Sentido-Significado (insisto) de Mamá Linte entre los de su estirpe.

III. GÉNESIS DE LA OBRA Y PROCESO CREADOR

El tema de la muerte vencida por la vida que dictó, al estro creador de Mariafeli Domínguez, los versos contenidos en Los susurros de la casa, no es nuevo en su producción. Está presente desde cuando su voz se integra al coro de la lírica panameña, con doce conjuntos estróficos climatizados en los aires de Manrique: “Pero mi padre murió, con las lluvias del año de re­pente, un día”.

“La muerte ha sido el tema que me ha obsesionado desde niña” declaró a Herasto Reyes en 1986, para la publicación del artículo: «Mariafeli Domínguez, mujer de letras y libertad». Así es. Lo hemos constatado cual motivo recurrente en el itinerario del proceso lírico publicado hasta la fecha:

1992: «Temas de nuestra América» hace el planteamiento, con la publicación de «Mariposa en la memoria».

1992: Los presagios necesarios (Primer premio, concur­so Gustavo Batista) lanza el símbolo que se reitera a través del poemario: “Un día, / la tierra nos recla­mó las cenizas/ y el barro de los cuerpos”.

1993: Nuevamente, «Temas de nuestra América» nos trae el eco de sus palabras: «Como si pudiéramos evitarlo» es el título que recoge una veintena de poe­sías entre las cuales campea la temática de su in­quietud. Y en la poesía que precisamente le presta título al poemario, leemos:

 

Como si pudiéramos evitarlo

Volvió como si nunca hubiera vuelto.
La abuela decía que en el panteón,
a orillas del camino que nos llevaba al pueblo,
nos encontraríamos todos algún día.
Era la morada de los que habitábamos
esos parajes ocultos.

Y mi abuela seguía amenazando y
señalando el panteón, a orillas del camino.
Cuando decidió comenzar la espera,
a la orilla del camino
todos los pájaros murmuraron la tristeza.
Estaría sola, pero el abuelo la siguió
como siempre lo hizo.
Y mi padre también la acompañó
dejando once panes sin levadura.
Ahora,
recordando a lo abuela,
sabemos que a la orilla del camino
un lugar para nosotros se acomoda.

 

Asoma en los citados versos la presencia de la abuela, que inspiró, después, Los susurros de la casa. Elegía comprensible no sólo por razón de los nexos familiares, sino por la estatura humana que florece en la etopeya dibujada por Mariafeli Domínguez.

Muy significativa es esta obra y la consideramos paradigmática en el carácter que vertebra su producción.

Hay, en Los susurros de la casa, una motivación implícita de naturaleza ontológica, patente en esa visión raigal de las experiencias cotidianas, vivas en el recuerdo, en los lazos familiares y en los afectos por cuanto signifique identidad cultural.

Por eso su poesía surge espontánea y sencilla, alejada de vericuetos que bloqueen el acceso a sus niveles de significación.

Construye los versos con un lenguaje que dignifica su nivel intelectual pues, a pesar del simbolismo de la expresión, se aparta de lo retorcido o altisonante y trabaja —reitero— con la palabra sencilla, pero al mismo tiempo selecta.

Los susurros de la casa nos autoriza a emprender su estudio desde la perspectiva tanto de la estilística descriptiva, como de la estilística genética. Nos conduce a pensar, identificados con Dámaso Alonso, que “la poesía es cuestión de expresividad y no una técnica” ***.

______________________________

* Es que en la poesía presente en Los susurros de la casa no hay licencias para lograr el verso grave propio de la poesía castellana. Éste nace en forma natural, sin adicionar ni restar sílabas.

** Ante la imposibilidad de reproducir el texto completo, recomendamos la lectura del fascículo que contiene el poemario.
Aclaramos que los números entre paréntesis remiten al número de la poesía citada como ejemplo.

*** Citado por J.D.C. en Introducción al comentario de textos. p. 14.

. . .

Referencias Bibliográficas
1. Domingo Caparrós, José Introducción al comentario de textos. Edit. Servicio de Publicaciones del Ministerio de Educación y Ciencia. Madrid. 1977.
2. Domínguez, Mariafeli Los susurros de la casa. Imprenta Universitaria. Panamá, abril de 1995.
3. Domínguez, Mariafeli Los presagios necesarios. INAC, abril, 1993.
4. Domínguez, Mariafeli Como si pudiéramos evitarlo. Temas de nuestra América. Universidad de Panamá, febrero, 1993.
5. Domínguez, Mariafeli Poemas. Cuaderno cultural. DEXA, Universidad de Panamá, sept. 1986.
6. Pagninni, Marcelo Estructura literaria y método crítico. Ed. Cátedra, 3ª edición. Madrid, 1982.
7. Reyes, Herasto «Mariafeli Domínguez, mujer de letras y libertad» Diario La Prensa, 23 de marzo de 1986.

Publicado en: Maga, tercera época, No. 35, septiembre-diciembre, 1998.


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