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Tal vez pronto, muy pronto, mi planta peregrina
se detendrá a la puerta de tu feliz morada:
mis pies ensangrentados y mi húmeda esclavina
dirán de las fatigas de la áspera jornada.
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Yo voy como el trovero de tiempos medievales,
tras la fermosa dama por quien mi ser delira,
en busca de remedio para curar mis males
y a darte en recompensas las notas de mi lira.
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Con mi bordón de viaje yo llamaré a tu puerta
y pediré un albergue. Si acaso en esa hora
durmieres dulcemente, no temas y despierta:
yo soy el peregrino que tu piedad implora.
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Yo entonces agradecido, en trovas armoniosas,
te contaré la historia de príncipes gallardos,
de reyes prisioneros, de damas amorosas,
de enanos y bufones, de ninfas y de bardos.
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Y te diré de monstruos que tienen sus moradas
donde jamás el ojo llegó de los mortales,
y de princesas rubias que viven encantadas
entre palacios hechos de perlas y corales.
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Y al fin, cuando mi lira se torne silenciosa,
y el Sueño en tus pupilas quiera poner sus vendas,
me acercaré a decirte que tu eres más hermosa
que todas las princesas de cuentos y leyendas.
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Nuevos Ritos, N°. 1
Publicado en febrero de 1907
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