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Por entre la negrura de los boscajes,
cuando los trinos duermen entre las ramas,
hila pacientemente sus hilos de oro
sola mi lámpara.
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Cuando el viento nocturno mueve las hojas
y en ráfagas nerviosas viene a mi estancia,
no sé que frases dulces y placenteras
dice a mi lámpara.
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Son cosas tan ternísimas que ella estremece
el corazón gaseoso de su áurea llana.
¡Quién sabe cuántos pechos también palpitan
como mi lámpara!
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Cuando, el tiempo rodando, se hacen más negras
las sombras de la noche, para las plantas
de perdidos viajeros que andan cansados,
brilla mi lámpara.
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Y si el pueblo duerme bajo neblinas
y ni una luz siquiera brilla en las casas,
para aquellos que sufren desvelo y frío
da luz mi lámpara.
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Romeos y Julietas que hablan de amores,
antes de que la alondra salude el alba,
han visto muchas veces, luz triste y sola,
radiar mi lámpara.
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Cuando el beso de hielo sobre mi frente
apague para siempre irá interna llama,
las imaginaciones supersticiosas
verán mi lámpara.
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Del libro: Sendas Hermanas
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