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¿Quién es esa mujer a quien adoro,
A quien consagro toda mi existencia,
Y por verme amoroso en su presencia
No la trocara por ningún tesoro?
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Mi alma y mi corazón alzan un coro,
Porque en mí se ha formado la creencia
Que no debo aspirar gloria ni ciencia
Porque Ella tiene cuanto al cielo imploro.
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De mis dulces ensueños juveniles
Fue la imagen mas bella y más querida!
La busqué del cariño en los pensiles,
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Y al entregarle con mi amor la vida,
Formamos lazo indisoluble y fuerte,
Que no puede romper la misma muerte.
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Revista El Heraldo Del Istmo, No. 41
Publicado el 15 de septiembre de 1905
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