|
|
|
En una noche clara de verano
en La Restinga un joven meditaba,
recordando las dichas de otros días
mientras el mar furioso se agitaba.
|
|
De su lecho una niña, atormentada
por la idea tenar de vagar sola,
a esa hora, ya tardía de la noche,
vestida, se salió de angaripola.
|
|
Llega a la playa, mira a todos lados,
y de la luna a los blancos reflejos
vió la figura del joven que estaba
sentado en una peña no muy lejos.
|
|
Modesta la doncella como pocas,
retrocedió temiendo que él la viera;
la idea nuevamente en su cerebro
acudió, deteniendo su carrera.
|
|
Vacila un rato y mira fijo al joven:
"Pescador debe ser, que ya ha rendido"
dice, "los codos en las piernas, baja,
sujeta la cabeza, se ha dormido"
|
|
Volvióse sigilosa hasta la playa,
tomó un bote, alejóse, desaparece....
Un ruido saca al héroe de su éxtasis
y óyese la voz de alguien que perece.
|
|
Alberto - el joven - se lanzó a salvarla
sin meditar en que él también podría
rendir ¡ay! la jornada de la vida
en aquella mañana clara y fría.
|
|
-----------------------------------------------
|
|
Cuando la niña tuvo entre sus brazos
y luchaba por el triunfo de su hecho,
cayóse rudamente de la cama
la almohada estrechando contra el pecho!
|
Del Libro Jirones de Adolescencia. Roma, 1905
|