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Mi niña, versos hoy me has pedido
y ya he tenido que comenzar.
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Escribo endechas, aquí las tienes,
son de mis sienes, son de mi altar.
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Son de mi mente son ¡ay! de mi alma
do nunca hay calma pues sabe amar.
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Ella es un pozo oscuro y hondo
en cuyo fondo está el pesar,
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No temas, niña, a sus negruras,
que ahí ternuras podrás hallar.
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En la penumbra se ocultan goces
que no conoces, mas de un millar.
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Si juntas a ella tu alma inocente
¡ay! de repente verás tornar,
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lo negro en blanco, lo oscuro en claro
y el ser mas caro, te he de llamar.
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Del Libro Jirones de Adolescencia. Roma, 1905
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