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El lánguido poeta tenía por costumbre
Mirar a las alturas en busca de un ideal
Y al ver que no lo hallaba sobre la regia cumbre,
Lloraba con tristeza olímpica y fatal.
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Soñaba con la ninfa de fulgores de lumbre,
De crenchas rubias de oro y mirada triunfal
Y el bardo acariciaba la inmensa certidumbre
De que ella sí existía y alejada del mal.
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Un día fue a las selvas en busca de un nepente
Y oyó voces salidas de un charco mal oliente
Y vio surgir de en medio la adorada mujer. . .
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También en el arroyo subsisten los ideales
Y surgen las bellezas vivas como fanales
De donde acaso nunca lo pudimos creer.
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Panamá, enero de 1926
Del libro:
Poemas Líricos de Eduardo L. Maduro Lindo
Homenaje póstumo a la memoria de Don
Eduardo L. Maduro Lindo (Q.E.P.D.) en el
Décimo Aniversario de su sensible deceso.
Su Viuda Carmen, sus
hijos, nietos y biznietos.
Panamá 8 de Julio de 1976
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