|
Esta fue una historia insólita.
Ocurrida en un país sin nombre,
en que se gobernaba
en nombre de una palabra,
y lo que existía era un montón de cadáveres.
Todos protestaban, la ausencia
de un verano sin lluvia.
Y aconteció que la etiqueta usual
de entonces, se trocó
en un uniforme almidonado.
Llovieron del cielo nubes de humo
que entraron por la piel.
Los especialistas se reunieron
frente al acontecimiento espeluznante
que amenazaba, según ellos,
al peligro inminente
de acabar con la ira humana y colectiva,
que constituía parte de la genética.
Tambores en son de marcha sonaron,
hasta crear una mutación en la anatomía.
Las lenguas saltaron hechas trizas;
y todo mundo quedó mudo.
Los astrólogos dijeron más tarde,
que de acuerdo a las leyes cabalísticas,
esto había de acontecer treinta y dos años antes,
de cada veinte siglos,
en un país de América. |
Ocú, provincia de Herrera, 15 de enero de 1974.
Del libro: Elegía al Che Guevara y otros poemas. Panamá, 1974. |