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Con el telón cerrado. Se atenúan las luces de la sala y se encienden las baterías. Salomando avanza al proscenio: UN MONTUNO. Viste traje típico y toca un socavón en torrente de mesano.
(Canta en mitad del proscenio)
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UN MONTUNO
Señores, me pongo a cantar
la queja antigua del mundo,
la que sufre el vagabundo
que forzado hacen marchar;
igual al que hacen quedar
a la seca tierra atado,
comprometido y olvidado
a lo que ordene el patrón,
aunque éste no tenga razón
igual le será obligado.
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Libertad es para algunos
joya que no van a perder.
Si se le brinda al nacer
a todo infante en el mundo,
no será al buen montuno,
ni con el cuento de "hermano",
al que le impongan la mano
en el pecho a refrenar
su galope y su cantar,
porque lo tornan villano.
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Tal le pasó a Victoriano
que por defender lo suyo
se prendió como cocuyo
en un amargo verano.
¡Ay Panamá soberano!
¡Ay, ay, sus verdes colinas!
¡No se quitarán de encima
lo triste que fue su vida!
¡Si Muerte llegó escondida,
Vida lo trepó a la cima!
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Victoriano, al condenarte
dizque rehuyendo al destino,
pusiéronte en un camino
que tú mismito fijaste.
No quisiste ocultarte
al que muerte te iba dando,
la espalda quedó mostrando
de una manera cobarde.
Sólo así pudo ganarle
al que "peleaba peleando".
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Señores, les voy a mostrar
un instante de aquel tiempo
es un tatuaje del viento
salobre que viene del mar.
Por eso amarga mi cantar
al tímpano envilecido,
mas son arpegios sus sonidos
'pal' que le extienda la mano
al bravo de Victoriano
que murió sin ser vencido.
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Se apagan todas las luces. Mutis de UN MONTUNO.
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Del libro: El Fusilado. Primer Premio en el Concurso Literario Ricardo Miro, Teatro, 1983.
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