Participar
PanamáPoesía.com Símbolos PatriosSímbolos Patrios
Inicio Panamá en Poesía Poemas a la Patria Himnos Escolares Poesía Para Niños Páginas en Construcción Panamá en Historia Mapa de Panamá Acerca de Libro de Visitas Links

El Muerto que Sudaba, por
Ignacio de Jesús Valdés


Esta es una historia verídica.- Quien me la contó, un amigo cordial cuya compañía hace que las horas transcurran con velocidad vertiginosa, vive aún, y es un poeta grande y querido, cuya obra nos ha hecho conocer más allá de nuestras fronteras….

Cuando él, en una noche fría de Agosto nos contó esa anécdota de la vida panameña en tiempos en que había partidos liberal y conservador, que ya no los hay, a un grupo de bohemios trasnochadores, cómodamente repantigados en una banca del parque de Santa Ana, nos dio nombres propios, que yo callo, porque los aludidos sabrán encontrarse en este relato si hasta sus ojos llega algún día.

Y va de cuento….

Corrían los tiempos de la dominación colombiana, cuando los liberales aun se batían por la enseña roja y los godos” rabicenizos” ostentaban el pendón celeste como enseña para mandar al seno de Abraham o a las calderas de Pepe Botero al que no pensara en fondo azul….

Los liberales estaban en la “yaya”; los conservadores, dueños de vidas y haciendas, de Gobierno y Justicia, no dejaban que ningún rojo asomara las orejas por las calles de la muy noble y leal ciudad ésta, después del toque de silencio, a las nueve de la noche.

¡Ni los chiquillos hoy día estaban como los liberales en aquellos memorables días de ingrato recuerdo!

Pero los rojos, aunque en la mijarra, no se daban a la ley y nunca les faltaba pretexto para burlar las disposiciones de los Godos. Como a todo mortal, de cualquier bando, les  gustaban los pindines, el trago a tiempo, y la aventura callejera de que fue tan pródiga siempre nuestra ciudad capital.-Pero para los liberales, zape!-

Y fue una noche. -Sentados en Santa Ana, arrinconados  y silenciosos estaba un grupo de liberales, como perros con vejiga, cuando uno de ellos, levantando un poco más la voz, dijo como quien lanza una proclama: “ Copartidarios: hace sed y hay que ver la manera de humedecer el galillo. -Se me ocurre una idea y allá va: como solamente podríamos beber en un velorio, sin contravenir los reglamentos, es necesarios que uno de nosotros se muera, lo amortajamos, lo velamos, lo lloramos y nos lo chupamos: así podremos desvelarnos impunemente. -Y digo más: propongo que sea yo el muerto!”

Los contertulios se miraron asombrados. -Se habría vuelto loco este copartidario? -Ante el silencioso estupor de sus oyentes, el de la voz cantante explicó: -“Pero me comprenden ustedes? Esta muerte es de mentira! -Nos vamos donde Ña X… (aquí el nombre de una vieja carimañolera conocida) que vive aquí cerca en el Revellín, le mandamos a freír empanadas, carimañolas, le ordenamos prepare un sancocho de gallinas, compramos unas cuantas botellas de ron, le pedimos la sala prestada para morirme yo, me hago entonces el muerto, los acompaño comiendo y tomando hasta que llegue la ronda, cuando ésta llega, y salto al catre que estará entre cuatro velas en mitad de la sala, me estiraré, cruzaré las manos sobre el pecho, y el godo se la tragará. Cuando se retire, vuelvo a formar quórum!”

Un “¡bravo! unánime acogió la idea. -Momentos después en el Revellín había un muerto con el consiguiente velorio y acompañamiento. -Por lo que parecía, era liberal el muerto pues sólo de liberales se componía el acompañamiento.

Un oficial de correría que pasó frente a la casa vio una vieja que hacía fritangas y a un grupo de cariacontecidos liberales que entre copa y copa jugaban a las cartas, al dominó o al tablero, y siguió su camino.

Llegó la media noche y con ella el relevo de las rondas -El muerto con los dolientes  discutían acaloradamente por una jugada dudosa después de haber ingerido algunas botellas y puéstose en calor algo más de lo necesario, cuando a la luz de un farol, brilló en la esquina de la calle el sable y la visera del oficial más malo y malicioso que ha podido dar el partido conservador.

Llegó, se detuvo, vaciló un poco, como tomando rumbo, y al darse cuenta de la animación que en el fondo de la calle había, dirigió hacia allá sus marciales pasos.

Nuestros héroes, que se habían dado cuenta de sus movimientos, al verlo encaminarse hacia ellos, se prepararon; el muerto, dando traspiés, se acostó en el catre, cerró los ojos, se arropó con la blanca sábana, cruzó las manos sobre el pecho, contuvo la respiración y …. aguardó los acontecimientos…

Mientras, los dolientes continuaron animadamente:
-Doble cena!
-Salgo yo!
-Paso!
-Ahí va esa cena y quina!
-Me doblo!
-Me jo…. robaste, chico, pero ahí va esa!
-Paso!
-Paso también!
-Digo lo mismo!
-Límpiate con esta tuza!
-Ahí estoy!
-Me doblo…!
-Buenas noches!-Dijo el oficial de ronda -aquí que diablos pasa que se juega, se bebe, se come y se hace tanta bulla?

-Nada, señor, -dijo muy compungida y bien aleccionada la vieja dueña de la casa -que el señor N….. se murió esta tarde, pobrecito! y aquí lo estamos velando…. ”Y se limpió con el delantal el llanto que le producía el humo de la paila.

-A ver, veamos ese muerto! -dijo el oficial que era nada menos que antioqueño.

Los circunstantes se quedaron perplejos pues no contaban con esa, y cada uno fue alistando con la vista el camino de la fuga, por donde era menos peligroso correr, en caso de catástrofe.

Mientras, el antioqueño había llegado junto a la cama; con mucho respeto se descubrió, agarró el  kepis con la mano izquierda y, con la derecha levantó una punta de sábana y dejo al descubierto la faz del “ muerto”.

Este, sea por el efecto de la discusión anterior, del espíritu de caña ingerido, por el sustito que lo acompañaba o de tanto aguantar resuello, o quizás por todo combinado, tenía la frente completamente cubierta de sudor.

El antioqueño se paró en seco, frunció el ceño, se  inclinó, miró más de cerca, y con un gesto muy “centrano” dijo, requiriendo el chafarote: “Ah! berriondo, pero si este muerto como que está sudando…!”

Inútil considero decir que muerto, dolientes y todos desaparecieron como por encanto….


Nacho Valdés.

Cuento publicado en: Cuentos panameños de la ciudad y del campo.



Atras Inicio Adelante



PanamáPoesía.com
index sitemap advanced
site search by freefind
Movido por Haga clic aquí para incluir su
               sitio
Visitas a esta página: 1,439
Total de Visitas: 15,018,583


Para comentarios y sugerencias. Pulsa sobre el icono para enviar un correo al administrador del sitio Sugerencias a Francisco Palacios Coronel