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La maestra rural marcha a la escuela
con su paso menudo y diligente,
sobre la pedrería del relente,
mientras el ave da su cantinela.
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Y, plegada a su falda, una chicuela,
de vivos ojos y de tersa frente,
la sigue, preguntando ingenuamente,
mil tonterías que saber anhela.
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Llega. El enjambre, que de gozo grita,
le dice: “Buenos días, señorita.
Hoy le traigo bien hecha la tarea”.
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Ella les brinda amante su ternura...
Se abre clases. La turba sonidea,
y el sol asciende por la azul altura.
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Del libro: Breviario Lírico
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