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Traía el alba enredada
en sus ojos la vigilia.
¡Qué violeta en sus ojeras,
qué marfil en sus mejillas...!
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Desnudó sus blancos hombros
con una sonrisa tímida.
¡Cómo azularon sus venas
por el pesar que sentía...!
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De gris vistió sus ensueños
-pura humildad de los días-
y el viento plegó sumiso
las campanas de su risa.
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Traía el alba enredada
en sus ojos la vigilia.
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Del Libro Canciones de Mar y Luna (1944)
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