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Cantemos a la vida como un jirón de sombras:
nosotros que llevamos prendido a la existencia
el inmortal bacilo de Kock,
que adornamos a diario las escupideras
con guirnaldas de sangre,
y que sabemos de la huella candente
que deja el placer en las noches del trópico.
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Hagamos del porvenir una esquela de defunción
y del presente un festín de despedida,
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Dicen que es mal de blancos,
pero los negros también se cuelan...
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...¡No importa!... El último esputo
será nuestra tarjeta de visita con corona ducal,
y nos recibirá la Muerte vestida de etiqueta.
El tuberculoso
es siempre un aristócrata de los cementerios.
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La fiebre, que sea el termómetro
de tantas ilusiones,
y la tos, la carcajada estéril
de locas esperanzas muertas.
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El horizonte está bajo la suela
de nuestros zapatos...
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¡Abajo los relojes de los médicos!
¡Dejad que los demás usen relojes...!
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