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Paz y Progreso,
por Rodolfo Caicedo

Estrofas dedicadas al benemérito
General Don Esteban Huertas

Oye mi desacorde y rudo acento,
oye la voz del ignorado bardo
que inspirado en tu fama, tiene aliento
para cantarte, paladín Gallardo.

Al pensar oh Adalid! en tu heroísmo
borro de mi memoria esos gusanos
que, creyendo verdad un espejismo,
se ven gigantes cuando son enanos.

Olvido al necio que se vio en la altura
porque el Acaso lo aventó hacia arriba,
que aunque vuela el Talento, aunque fulgura,
la suerte siempre se le muestra esquiva.

Tú no surgiste de como aquellos. Fuerte
tu brazo te engrandece en la batalla;
tú siempre fuiste adonde fue la Muerte,
en medio de erupciones de metralla.

Luchas desde tu infancia, desde entonces!
Y en el combate, sin sentir desmayo.
No es más sensible que tu pecho el bronce.
No es más temible que tu espada el rayo!

Te amamantó soberbia una leona
o fue tu cuna el borrascoso nido
de águila altiva que su afán corona
si oye del trueno aterrador bramido?

Te infundieron allí los huracanes
con su aliento la fuerza irresistible
que convierte a los hombres en titanes
y barre como polvo el Imposible?

Más yo no quiero en apacibles horas
recordar tus hazañas de guerrero,
ni que es lava la sangre que atesoras,
ni que es centella tu esplendente acero. . .

Yo quiero recordar ese delirio
de libertad que sublevó tu pecho
y te hubiera llevado hasta el martirio
y no triunfar, como triunfó, el Derecho.

Yo quiero recordar que por tu brazo
AMADOR, el perínclito patriota.
Asestó el golpe sobre el férreo lazo
y vio al momento la cadena rota.

Sorprendente y magnifica victoria
que al redimir a verdaderos parias,
también los nombres colocó en la Historia,
de BOYD, de ARANGO, de
                                    de ESPINOSA y ARIAS.

Victoria que sin lágrimas, ni duelo,
ferviente aplauso al Universo arranca
y cobija por ella nuestro suelo,
bendita enseña: la bandera blanca.

Cuán hermosa es la paz! Ella en el lstmo
a Némesis ha opuesto fuerte muro,
ha venido a salvarnos de un abismo
y a presagiarnos bienestar seguro.

El Progreso vendrá bajo su amparo. . .
Abierto el Istmo por profunda herida,
será esta brecha luminoso faro,
inagotable manantial de vida.

Cabe sus bordes cuantos sienten hambre
cuantos sufran miserias de mendigo,
acudirán en bullicioso enjambre
a buscar pan y a suplicar abrigo.

Y los tendrán! Y llenos de arrogancia
podrán después que intrépidos lucharon,
llevar a sus hogares la abundancia
que con su noble esfuerzo conquistaron.

Ya terminada la fatal contienda
tranquilamente cierran sus pupilas,
para dormir bajo la misma tienda,
los que lucharon en opuestas filas.

Los rostros de las madres hoy risueños
hacen amar de la Concordia el fruto. . .
Ya no temen los bélicos empeños
que dejan orfandad, miseria y luto.

Ya en el verdor de sus primeros años
no irán mozos alegres y sencillos,
hijos del pueblo, a preparar peldaños
para que suban hábiles caudillos.

Ya no irán a matarse con encono,
para que, al cabo de la lucha fiera,
su sangre juvenil sirva de abono
al campo infame de ambición rastrera.

Ya sucede al horrísono estampido
del cañón formidable y pavoroso,
de los talleres el alegre ruido,
de las escuelas el rumor precioso.

Irá la luz de la instrucción divina
desde el palacio hasta la humilde choza,
restableciendo la moral en ruina
y redimiendo al que en error solloza.

Ya del machete al poderoso tajo
no han de caer millares de cabezas;
lo emplazarán los soldados del Trabajo
en talar bosques y arrasar malezas.

Para sembrar después el útil grano
que al germinar, a costa de fatigas,
en la colina tienda o en el llano
áureo manto de próvidas espigas.

Y el humo de las fábricas, que sube
como incienso a la bóveda infinita,
reemplazará la ennegrecida nube
que levanta la pólvora maldita.

Para dar paso a máquinas extrañas
las fieras fugarán de su guarida;
serán palacios las que son cabañas.
Habrá doquiera movimiento y vida.

Será un hombre el indígena que hoy gime
olvidado, en amargo oscurantismo,
con nostalgia de sol, que su alma oprime,
que la entristece, sin saberlo él mismo.

Prosperarán las artes y la ciencia;
donde hay zarzales brotarán vergeles,
y por hambre, la flor de la inocencia
no irá marchita a engalanar burdeles.

No, no es un sueño el que en mis versos pinto!
Es una hermosa realidad cercana. . . .
De la patria adoptiva en el recinto
tendrá el Progreso su sitial mañana.

Y ningún noble corazón istmeño
olvidará jamás que sin tu ayuda
nunca triunfará el generoso empeño
que hoy en cariño los rencores muda,

y nos ofrece porvenir dichoso,
y en nuestro suelo sin rival, fecundo,
hace promesa de festín copioso
que bastará para nutrir el mundo.


Panamá, enero de 1904.
Del libro: Paz y Progreso.
Publicado en: Revista Lotería, Nº 60, de mayo de 1946.


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