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Rodolfo Caicedo
(1868-1905)

Foto no disponible - Rodolfo Caicedo

Nació en Pocrí de Aguadulce, provincia de Coclé, en el mes de marzo(1) de 1868. Fueron sus padres don Miguel Ángel Caicedo y Teresa Arroyo.  No tuvo más instrucción que la que se daba en la escuela primaria de su ciudad natal. Fue alumno del maestro Abelardo Herrera  en unión de sus condiscípulos don Melchor Lasso de la Vega, Federico Becerra, Juan B. Sáenz, Sebastián Sucre, Nicolás Victoria, Catalino Arrocha Sáenz, Pacífico Tapia y muchas otras personas distinguidas de la provincia de Coclé.

A la edad de diez o doce años, compuso sus primeros versos de estilo jocoso, y en este estilo hizo, luego, muchas composiciones más para criticar las costumbres de sus contemporáneos.

Muy joven marchó al interior de Colombia y se vio envuelto, desde el bando conservador, en la guerra civil de 1885. Nuevamente en el Istmo, hizo vida bohemia, cultivando la poesía con verdadero entusiasmo y espontaneidad.

El doctor Octavio Méndez Pereira, nos dice que Caicedo “cantaba por naturaleza, por necesidad como canta sus armonías nuestro ruiseñor en el alero de la casa solariega”.

Rodolfo Caicedo publicó sus poemas en revistas y periódicos de la época, en un librito titulado Ensayos Poéticos, así como en varios folletos, entre ellos Las Queseras del Medio (a la memoria del ínclito general José Antonio Páez. Estrofas dedicadas al doctor Belisario porras), El Libertador (canto épico robusto, sonoro y de elevada inspiración que ensalza al gran héroe americano), Batalla de Panamá (homenaje a los ilustres generales Albán y Salazar, jefes conservadores que lograron la victoria en el memorable combate del Puente de Calidonia) y Paz y Progreso (estrofas dedicadas al benemérito General don Esteban Huertas).

También cultivó las fábulas, comparable a las mejores que existen en castellano. Dentro de este género compuso El Burro Arquitecto, El Renacuajo y el Castor, Los dos Gallos, El Lobo, la Zorra y el Tejón, El Gallo y el Pato, entre otras, llenas de gracia, sutil ironía y colorido. Según el criterio del doctor Méndez, Caicedo es digno de ocupar un puesto elevado en la literatura didáctico-moral de Hispano-América.

En 1890 edita, en compañía de Ramón Maximiliano Valdés, El Estímulo, y al año siguiente colabora en El Loro, donde a veces firma con el seudónimo “Juan sin Tierra”. En 1893 funda en David El Esfuerzo. Y en 1896 lo encontramos como empleado de la Secretaría de Gobierno del Departamento.

Rodrigo Miró nos dice de él: “La poesía de Caicedo, un tanto anacrónica —por su edad debió militar dentro, del modernismo— ofrece características curiosas. Un aspecto de su obra —los poemas de entonación civil— lo colocan en la línea del primer romanticismo americano; otro nos lo revela adicto al ritmo asordinado de Becquer; y todavía le queda su fase de fabulista, que le dictó excelentes composiciones. Su obra total lo presenta como versificador diestro, y poeta”.

Murió en la ciudad de Chitré, provincia de Los Santos, el 26 de septiembre de 1905.


(1) Rodrigo Miró en su obra, La Literatura Panameña, menciona que el poeta nació el 10 de marzo, pero advierte que esta fecha debe ser verificada.


Reseñas


Portada de Batalla de Panamaá

Portada de la obra Batalla de Panamá, del poeta panameño Rodolfo Caicedo,  como homenaje a los ilustres generales Carlos Albán y Víctor Manuel Salazar. Se imprimió en los Talleres de la Tipografía de M. R. de la Torre e Hijos, en el año 1902.

La publicación tiene una introducción del autor, fechada el 12 de marzo de 1902, de tres páginas, los retratos de Albán y de Salazar, y el poema Batalla de Panamá, de nueve páginas, hecho en Panamá en noviembre de 1900. La obra tiene un formato de 8 ½ por 13  ½  centímetros.

INTRODUCCIÓN

En 1900 viose un prodigio. El ejército liberal se precipita sobre Panamá, implacable como un tigre, en masa enorme, cinco contra uno. Connotados jefes conservadores flaquean; extranjeros desagradecidos anhelan la rendición de la plaza. Confusión general. Preludios de pánico. Pero he ahí que dos caudillos se disponen a hacer irrisoria la presión humana, a fin de demostrar que la Voluntad Divina sabe hacer elecciones entre aquellos que la veneran, para efectuar milagros portentosos: ALBAN fue uno, SALAZAR el otro.

Los dos leones dijeron: No hay sino centuplicar el esfuerzo, no hay sino redoblar la furia de los golpes. . .

Y entonces sus subordinados sintieron la sugestión de aquella grandeza de alma, y lucharon hasta alcanzar la victoria! Eran cuatrocientos, y todos sumergieron su espíritu en los tiempos aquellos en que la Historia de la Humanidad ha enriquecido sus páginas con el tesoro de las más increíbles proezas; se sumergieron, sí, para imitarlas, para que su recuerdo fuese el aguijón que los llevase hacia la altura a donde han ido los más gloriosos vencedores o hacia la cima sagrada en donde los mártires obtienen la apoteosis.

Aquellos dos caudillos y los valientes que secundaron su arrojo compartieron la dicha de vencer allí donde lo ordinario de los acontecimientos hacía esperar la derrota. Aquellos dos sublimes locos fueron los triunfantes directores de un magnífico absurdo. Su brazo, fortalecido por el Altísimo, desbarató la lógica!

ALBAN murió más tarde como saben morir los Genios, y tiene su eterna elegía en el ronco lamento del Océano, que le sirvió de sepultura. SALAZAR vive, y sin duda alguna la Providencia le reserva para producir al mundo un nuevo asombro.

Y hubo un pobre poeta que en presencia de tantas maravillas, sintió el ansia de cantarlas, y acometió una empresa, superior a sus fuerzas ciertamente, porque, o cómo puede el triste búho, cuyo grito melancólico sólo tiene resonancia en las tinieblas, hacer el panegírico de las Águilas?

Entonces fue escrito este humilde poemita, que hoy ve la luz pública y para el cual su autor no espera aplausos, pero si indulgencia de todos aquellos que saben sentir admiración ante los hechos grandiosos que aguarda con avidez la posteridad.

Panamá, 12 de marzo de 1902.


Portada de Paz y Progreso

Portada de la obra Paz y Progreso, del poeta panameño  Rodolfo Caicedo, estrofas dedicadas al benemérito General Esteban Huertas. Se imprimió en los Talleres de la Tipografía de Casís y Compañía, en el año 1904.

La publicación tiene una fotografía del citado General Huertas y ocho páginas de texto, la obra tiene un formato de 16 por 11 centímetros.


Juicios críticos sobre el poeta


RODOLFO CAICEDO

(Por Octavio Méndez Pereira)

Discurso pronunciado al descubrir el monumento erigido en Pocrí de Aguadulce al poeta Rodolfo Caicedo.

(Fragmento)

[ . . . ]

Un lazo íntimo une a todas las composiciones del poeta aguadulceño, porque en el fondo es una misma modalidad que las informa. Sus fábulas son una crítica acerba y pesimista contra los políticos, contra los charlatanes, contra los serviles, hipócritas y oportunistas. Siguiendo las huellas de Iriarte y Samaniego, muestra muchas veces más naturalidad y corrección que ellos y constituye, por esto, uno de los pocos representantes del género en Hispano-América; género difícil, en que muy contados ingenios se han atrevido a fundar sus ejecutorias de poetas. El fin principal de la fábula es la corrección de costumbres y como a ese fin ético han de subordinarse forzosamente los artísticos, de modo que éstos resultan sólo como mero accidente, se necesita una gran habilidad para salir airoso. Lo bello viene a ser en tales obras una luz prestada, reflejo de lo bueno o simple resultado de una forma agradable; pero esto, que parece tan sencillo, es el principal escollo de los fabulistas. Véase cómo la salva tan airosamente Caicedo en este apólogo de El Gallo y el Pato:

El Cerdo con el Chivo
un diálogo muy vivo
tuvieron cierto día,
y en la dura porfía
con sus graves insultos
provocaron tumultos.
Se arman los partidarios,
de los dos adversarios,
y animoso y contento,
hacia el campo sangriento
armado hasta los ojos,
va el Gallo, nada cuerdo,
a probar sus enojos
en defensa del Cerdo.

Hallóse en el camino
con un Pato mohíno,
que con mil movimientos,
en difícil carrera,
iba de tal manera
que se bebía los vientos.
Le dice el gallo:--Amigo,
¿va usted a ser testigo
del sanguinoso duelo?
-- No lo permita el cielo
(contesta el Pato) corro
porque no soy tan porro
que ahora me solicite
un seguro escondite,
y ya que soy más viejo
voy a darle un consejo:
no busque la pendencia,
no vaya, no sea bruto,
que su misma indolencia
le dará rico fruto. . . .

-- Ese consejo guarde
para usted, gran cobarde!
Grita el Gallo furioso,
y entró en el horroroso
campo, pero la fiesta
donde su ardor desata
casi, casi le cuesta
la Vida ¡suerte ingrata!!
Quebráronle una pata;
pero él por sus servicios
espera beneficios,
solicita regalos.
¿Qué recibió? -- cien palos,
y con ojos rojizos
el caudillo grosero
al valiente guerrero
manda a freír chorizos.

Al mismo tiempo el Pato,
con semblante muy grato
sale de su covacha
y ante el Cerdo se agacha,
le encuentra muy buen mozo,
muy lindo, muy gracioso,
celebra su victoria
que le llena de gloria,
y tanto habló el tunante
que el marrano ignorante
le dio el botín de guerra. . . .

Yo, lectores queridos,
he mirado en mi tierra
lances muy parecidos----

Pero Rodolfo Caicedo es más que todo un poeta narrativo y épico. Es el bardo de las narraciones legendarias, de la historia irisada con el encanto de las fantasías. En sus labios reviven los héroes nacionales, la historia sale de su corazón, urna de luz y melodía, con llamas de pasión y aroma de gestas gloriosas. Todo el recuerdo de su juventud, pasada en el centro de Colombia, resurge así en sus versos. Allá, como Heredia en Venezuela, al decir de Martí, “oyó contar de los muertos por la espada, de los encarcelados que salían de la prisión recogiéndose los huesos, de los embajadores de barba blanca que había clavado el asturiano horrible a lanzazos contra la pared. Oyó decir de Bolívar que se echó a llorar cuando entraba triunfante en Caracas, y vio que salían a recibirlo las caraqueñas vestidas de blanco, con aromas de flores. De un Páez oyó contar, que se quitaba los grillos de los pies y con los grillos vapulaba a sus centinelas. . . Oyó que Ricaurte, para que Boves no le tomara el parque, sobre el parque se sentó, y voló con él”...

Los cantos Al Libertador y Al Veinte de Julio, la Batalla de Panamá, la Profecía de la Libertad, Paz y Progreso y Las Queseras del Medio, son sus más inspirados poemas, cofres bellísimos de evocaciones históricas. Allí el fulgor de las espadas, las lanzas afiladas en las rocas de los Andes, el sonido bélico de las cornetas:

Silban los proyectiles, nube espesa,
vaho de la Muerte, se dirige al Cielo;
la hirviente sangre ni un instante cesa,
formando charcos, de empapar el suelo.
Boves no duda coronar su empresa,
mientras Ricaurte, con sublime anhelo
hace memoria de gloriosos dramas
y ya dispone su festín de llamas.

No veis aquel jinete?. . . Con despecho
le mirarían absortos los titanes;
alimenta un relámpago su pecho;
le hacen su confidencia los volcanes;
duerme del torbellino sobre el lecho;
cabalga sobre torvos huracanes,
y cuando entra en la lid, desde las nubes
se aterran a su vista los querubes.

Asombraos! es Bolívar! Bien lo cuenta
el acero magnífico que blandes,
hijo del Vendaval con la Tormenta
ligados por el Genio de los Andes!. . .

En estos cantos la lira del poeta tiene, no el eco dulcemente falaz de las sirenas, ni el arrullo blando de las fuentes, ni el canto tierno de las tórtolas, sino el rodar de los truenos en las negras oquedades del abismo. Su pecho es un cubil de cóleras, su entonación es de tormenta. . .

[ . . . ]

. . . Podría asegurarse que los versos de Caicedo tienen el tinte del cielo de Aguadulce, que esplende en la tarde con la policromía de todos los celajes; tienen el horizonte y la derechura del cerro Vigía que atalaya los peligros o los triunfos del terruño irguiendo sobre sus hombros piedras colosales y tienen también el temple de las llanuras aguadulceñas, duras y secas, y el calor de sus salinas, donde el sol reverbera ardoroso y viril para la incubación de las sales fecundas!...


Fragmento del discurso pronunciado en Pocrí de Aguadulce por el doctor Octavio Méndez Pereira, en el mes de marzo de 1922, al ser colocada una placa de bronce por el Círculo Rodolfo Caicedo, para honrar la memoria del ilustre poeta.

Discurso publicado en: Revista Estudios (Órgano del Instituto Nacional), Año 1, Nº 2, septiembre y octubre de 1922. Panamá, Instituto Nacional.

OPINIÓN FINAL

No se puede negar que era Caicedo poseedor de una gran capacidad en el arte de la poesía, y que siendo muy meritoria su labor poética, apenas si se le conoce.

Su obra no es fría ni impersonal. Toda ella denuncia un espíritu culto y sereno, matizado de un leve sentimiento de melancolía.

Resulta poseedor de talento descriptivo, de fuerza sugestiva y de propósito docente.
Dueño de una innegable capacidad lírica se nos presenta en sus primeros años como poeta humorista y luego como un irónico e inteligente espectador del teatro de la vida.

Es, además, nuestro Caicedo un bardo civil, narrativo y épico, y así lo demuestra en los cantos: Las Queseras del Medio, El Libertador, Al Veinte de julio, La Profecía de la Libertad, Paz y Progreso y Batalla de Panamá.

No por eso deja de cantar al amor, a la amistad, a otros poetas, y de presentarnos versos penetrados de un suave acento filosófico como en Noche.

A través del estudio de su obra poética se perciben influencias variadas: de Gustavo Adolfo Bécquer en Bacquerianas, Rima, Gemido, La Lira en derrota, Resurrección, A Ella; de Gaspar Núñez de Arce y Rafael Núñez en el canto El Libertador; de Quintana en Noche, Balmaceda, y Profecía de la Libertad; de Rafael Pombo, en sus diferentes fábulas como Los dos gallos, El gallo y el pato y otras.

Con actitud simpática e inteligente cultiva diferentes formas métricas como la octava real en los poemas Las Queseras del Medio, El Libertador; la silva en Batalla de Panamá; el serventesio en Paz y Progreso; los cuartetos y tercetos en los sonetos como Ricaurte, Epitafio, Es Natural, Santander, A César Conto e Inspiración, y algunas otras estrofas.

Cultiva, por otra parte, nuestro vate, ese difícil género de la fábula que muy pocos poetas han tentado, y alcanza notable éxito en El Lobo, La zorra y el tejón, El renacuajo y el castor y otras más, en esta rama literaria de la fábula, que es el género más poético de todos los didácticos, a pesar de su fin docente.

Al leer sus poesías podemos apreciar que sus versos preferidos son el endecasílabo y el heptasílabo, los cuales cultiva con verdadera gracia y notable brío.

Para comprobar que es Rodolfo Caicedo de positivo valor literario dentro de los cultivadores de la poesía en Panamá, citaremos un trozo que se relaciona con el canto, Paz y Progreso y que hemos tomado de la conferencia titulada Evocación del poeta Rodolfo Caicedo, de don Enrique Ruíz Vernacci, distinguido intelectual de nuestro país:

“Es curioso apuntar que en toda la obra de Rodolfo Caicedo, obra de juventud, obra de bohemio, que no había de encontrar mucho tiempo para la meditación, tropieza uno con pocos defectos de ritmo. El endecasílabo no se le encrespa al pocrieño: esto no es corriente.

“Hay más; en este ejemplar que he tenido en mi mesa de trabajo he hallado correcciones de la propia mano del lirida que demuestran anhelos de superación, oído muy delicado. Así en la antepenúltima estrofa, se había impreso:

No, no es un sueño el que en mis versos pinto!
es una hermosa realidad cercana. . . .
De tu patria adoptiva en el recinto
tendrá el progreso su sitial mañana.

Y el tercer verso lo lima en esta forma que aparece con lápiz en el folleto, porque le placía al poeta:

De la patria en el próvido recinto,                    

sin discusión más bello.

No es esa la única corrección que señala el amor del poeta por su tarea.”

Es sabido que en los pueblos son los poetas piedras angulares, al aroma de los siglos, la cristalización de los sentimientos, la historia, la tradición.

Y eso es Caicedo, nuestro humilde, distinguido y olvidado poeta de Pocrí de Aguadulce.

Esperamos que este trabajo que ha consistido en recoger y organizar la obra poética de Rodolfo Caicedo para determinar su valor literario dentro de nuestras letras, sirva de estímulo para seguir descubriendo la verdad panameña de ayer y de mañana.


Opinión final de Nydya Alicia Angeniard en su trabajo de graduación titulado RODOLFO CAICEDO Y SU OBRA POÉTICA, Universidad de Panamá, curso diurno de Español. 5 de abril de 1949.


Obras de Rodolfo Caicedo

Título Año
Las Queseras del Medio. (a la memoria del ínclito general José Antonio Páez. Estrofas dedicadas al doctor Belisario porras). Imprenta de Aquilino Aguirre, Panamá, 1888. 1888
El Libertador. (canto épico).  Imprenta y Encuadernación de Samuel N. Ramos, Panamá, 1891. 1891
Ensayos Poéticos. Imprenta y Encuadernación de Aquilino Aguirre, Panamá, 1891. 1891
Batalla de Panamá. (Homenaje a los ilustres generales Albán y Salazar). Tipografía de M. R. de la Torre e Hijos, Panamá, 1902. 1902
Paz y Progreso. (Estrofas dedicadas al benemérito General don Esteban Huertas). Tipografía Casís y Compañía, Panamá, 1904. 1904

Entre las poesías de Rodolfo Caicedo podemos mencionar las siguientes:

Paz y Progreso
Becquerianas
El burro arquitecto
La lechuza, el perro y otros animales
Batalla de Panamá
Epitafio
Rima
Soneto
El Gallo y el Pato
Es Natural
Las Queseras del Medio
El renacuajo y el castor
Resurrección
El Lobo, La Zorra y El Tejón
Santander
Los dos Gallos
A Cesar Conto
Poesía
Ricaurte
La lira en derrota

Referencias

  • Ponce Aguilera, Salomón: El Libertador, canto épico por Rodolfo Caicedo, en El Observador,1ª Serie, Bogotá, 28 de julio de 1891.
  • Méndez Pereira, Octavio: Parnaso Panameño, Tipografía El Istmo, Panamá, 1916.
  • Méndez Pereira, Octavio: Rodolfo Caicedo, en Estudios (Organo del Instituto Nacional), Año 1, Nº 2, septiembre y octubre de 1922. Panamá, Instituto Nacional.
  • Korsi, Demetrio: Antología de Panamá, parnaso y prosa. Casa Editorial Maucci, Barcelona, 1926.
  • Ruiz Vernacci, Enrique: Evocación del poeta Rodolfo Caicedo, en Boletín de la Academia Panameña de la Lengua, segunda época, Nº 3. Panamá, julio de 1945.
  • Angeniard, Nydia Alicia: Rodolfo Caicedo y su obra poética, 1949, Trabajo de graduación, Universidad de Panamá.
  • Miró, Rodrigo. Cien años de Poesía en Panamá (1852-1952), Imprenta Nacional, Panamá, 1953.
  • Miró, Rodrigo. La Literatura Panameña, origen y proceso. Litho-Impresora Panamá, S. A. Panamá, 1979.
  • Miró, Rodrigo. Itinerario de la Poesía en Panamá. Editorial Mariano Arosemena, INAC, Ediciones del Centenario, Panamá, 2003.

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