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El luto,
por Simón Rivas

Era de tarde.  Entre la sombra opaca
que un rojo ocaso cual cendal dejó,
a ella, que ignora mi pasión extraña,
                 la intensa llama
la llama intensa de fatal pasión:

La vi de luto, impenetrable, regia,
por entre el parque pálida pasar,
y era visible con frialdad serena
                 la intensa huella,
la huella intensa que dejó el pesar.

De luto estaba, acaso por los muchos
que huérfanos murieron de pasión;
o tal vez por los míseros difuntos
                 que a golpes rudos
que a rudos golpes el hado soterró.

Quizá por el doliente y triste anhelo
sin fe, sin alma, del náufrago ideal;
por las marchitas ansias de lo excelso,
                 ah! de lo bello,
de lo bello en su culto pasional.

Acaso por mi alma inquieta y sola
de luto va, mi angustia al presentir;
cual sus pupilas son mis noches sordas,
                 negruras hondas,
hondas negruras de hosco porvenir.

Tal vez entre los pliegues de su traje,
do claman la tristeza y el dolor,
se oculta moribunda, agonizante
                 mi blanca imagen,
la imagen blanca de última ilusión.

Acaso es que me anuncia que me quiere
en mi ixionida lucha y en mi sed
del agua viva que su gracia vierte
                 en ondas breves,
en breves ondas dulces como miel.

Ah! si supiera que la adora el alma
así, de luto, bella y augustal;
si supiera…más no!… vibre en el harpa
                 la intensa llama.
la llama intensa de pasión fatal.


Publicado en:
El Heraldo del Istmo, Nº 18 de 15 de octubre  de 1904.


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