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El Canto Del Llanero, por
Gil Colunje

Nuestros hijos sabrán nuestras acciones.
                                               Espronceda.

Coro

¡Llaneros, a caballo! ¡Lanza en ristre,
venid al punto a combatir!... ¡Volad!
¡El pecho ardiente en fuego de venganza,
vamos a redimir la Libertad!

¿No véis allí, de polvo entre esa nube,
hirviente muchedumbre que se agita?
Piérdese, de ella en la espantosa grita,
de una mujer la dolorida voz...
Es de una virgen, cual ninguna, hermosa,
acosada de canes en traílla,
que saltan y que hieren su mejilla,
¡hartos de rabia, con crueldad feroz!
                                  ¡Llaneros, a caballo!...

Rasgada está la túnica que viste:
desordenado su cabello ondea:
su pie desnudo, de dolor flaquea;
requema el llanto su abatida faz...
Ora logra escapar a las rechiflas,
y sus lánguidos ojos torna al cielo:
no halla paz en la tierra, ni consuelo;
¡a nadie apiada su dolor tenaz!
                                  ¡Llaneros, a caballo!...

Miradla, confundida, despreciada,
su intensa pena devorando sola,
cual se ve en el desierto la amapola
que el viento ha quebrantado en su furor...
¡Que! ¿nos os conmueven su afligido rostro,
su dulce voz, sus ayes lastimeros?...
Oídla demandando a los Llaneros
¡que la presten su ayuda y su favor!
                                  ¡Llaneros, a caballo!...

¡Vedla! Ya seco el manantial del llanto,
y en su dolor más bella todavía,
que no ha logrado la infernal jauría
¡apagar en su frente el arrebol!...
¡Esa es la Libertad! La que bajara
al suelo de los Andes entre nubes,
al celeste cantar de los querubes,
¡en los rayos de luz del almo sol!
                                  ¡Llaneros, a caballo!...

¡Oh! ¡Se encienden en ira vuestros ojos!
Viéronlos, y se aprestan, los Leones;
relinchan impacientes los bridones,
¡que oyeron del clarín bélico son!...
¡Montad, volad, llaneros esforzados!
Después del triunfo, la ración ligera:
el adalid de Libertad no espera,
para lidiar por ella, su ración.
                                  ¡Llaneros, a caballo!...

¿Qué mucho, si nos mira allí la diosa
y nos tiende sus manos suplicantes?...
Llaneros, conoció Vuestros semblantes;
isus hijos vio, su amparo, su sostén!....
Hincad los acicates! Desbocados,
vuestros corceles arremetan fieros;
que si sacais triunfantes los aceros,
¡la misma diosa os orlará la sien!
                                  ¡Llaneros, a caballo!...

¡Id! que así arrancaréis nuestros derechos,
a rudos botes, del tirano impío;
y rota su corona a nuestro brío,
¡entre el cieno y su sangre rodará!
Altivos la hallarán nuestros caballos,
con abierta nariz, boca espumante:
La Libertad de América, triunfante,
¡en nuestros fuertes hombros se alzará!
                                  ¡Llaneros, a caballo!...

Ella será la herencia a nuestros hijos,
que no tendrán ni sátrapas ni reyes:
sólo serán esclavos de las leyes,
inspiradas por Dios y la Razón.
Y en galardón a nuestro esfuerzo raro,
y eterno en ellos nuestro heroico ejemplo,
tendrá la Libertad de amor un templo
¡en cada americano corazón!

¡Llaneros, a caballo! Lanza en ristre,
¡venid al punto a combatir!... ¡Volad!
¡El pecho ardiendo en fuego de venganza,
vamos a redimir la Libertad!


Bogotá, 20 de Julio de 1853.
La Vida y la Obra del Dr. Gil Colunje por,

Juan Antonio Susto Lara y Simón Eliet.


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