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Él no se dio cuenta
cómo se fue urdiendo
esta conflagración
de miradas lúcidas
de roce de manos
y tentaciones.
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Un día abrió los ojos
y ella estaba ahí
con su luz de luna
su itinerario
reivindicando
un lado de la cama.
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Así es la bella dama
invasiva
altanera
corrosiva.
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Sin preguntar
se instala en la sala
con sus ruidos
y te parte a la mitad
la lectura
de la vida.
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Así es ella...
... la terrible soledad.
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Del Libro AMOR A MANO ARMADA
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