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Cómo es que la lluvia
del cuerpo y del ojo,
no encienda entre las fértiles
manos
la fruta madura
y en gotas y espigas
ablande las almas
cargadas de encono
y soberbia?
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Es lucha que nunca termina!
Tomemos la lluvia
salada del mundo
y ahoguemos en mar de castigos
los gritos, lo inmundo,
lo incruento, la guerra.
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Es más, hagamos del ojo naciente
el ágora eterna de audiencias.
Es hora...
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Del libro El Girasol Caminante. 1975
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