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1.
Deja caer una gota
sobre los almanaques
que traigan los veleros.
Después,
atraviesa puertas y ventanas.
El jardín puede florecer.
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2.
Realidad.
Un trazo en la arena
que el mar podría borrar.
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3.
Abandónalo todo:
La piedra de los alquimistas,
la santa inquisición
y los monasterios.
Abandónalo todo
y recoge la carga
que es la vida.
Ella sola es la razón.
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4.
Arrea las velas.
(El viento no es la mar.)
Arrea las velas.
Quizás,
en el fondo más claro del día
podamos navegar.
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Del libro: La Sola Mar
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