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Los cristales de belleza libertaria
que formaron la teoría de tu vivencia
magnifican en la cósmica cintura
tu dolor de Prometeo sobre las rocas.
Y tu sed, la de los vértigos azules
sin colores y sin formas suficientes,
te llevó por los senderos sin orillas,
la llevaste por el fuego y la vigilia.
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Tu pasión clarividente
por los brotes
maduró los verdes surcos
de tu sombra.
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Y un volar de mariposas en el cielo
presidió la ocupación de tus sandalias,
fugitivo, peregrino, navegante,
con tus brújulas de esteta atormentado
fabricaste los espejos de señales
y los faros y los signos y las cruces
para guiar los argonautas sin sirenas
por el camino infinito de la noche.
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Te diste en la esperanza
y el desvelo
donde todos los marfiles
fructifican
por tu clara voz, Enrique Ruiz Vernacci.
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De Poemas Fragmentarios
1965
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