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La madre dice:
Si amor mío,
jugaremos al rey y a la reina.
Una campánula amarilla te corona,
el viento azul de la montaña
se te prende como un manto.
Tienes un reino de posibilidades
de ansias que desean crucificarse
para redimir al limonero.
Un ministerio del recuerdo,
mil puertas abiertas,
frescas huellas de 1903.
Y banderas, muchas banderas
en desfile interminable
por campos y ciudades
y tú, pobre hijo mío, esperando
los límpidos zapatos y las sonrisas blancas.
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