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Tus flores misteriosas, tus miradas,
todo aventura a giro delicado.
Como ganadas al hastío,
heridas como reinos;
cálida brisa que en pasar demora
un pie primero y luego el peso,
eco o masa del alma temblorosa,
a rosas o lilas o blanquísimas manos semejantes
que se acercan o alejan vivamente
hacia el amor llamando,
la aventura conduciendo
a la redondez vivísima del mundo
que en torno a nosotros gira.
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Y de repente sin prisa y sin pausa nos paramos.
Los matices golpeados,
las manos mezcladas,
la voluntad transitoria,
de rosa o lila los proyectos,
todo sorpresas
y, sin embargo, un orden heredado,
algo que viene con nosotros
en la sangre, en la hiel y el corazón,
como la piel pegada al ser que somos.
Relámpago y enlaces
de grises delicados
ocupan las ramas silenciosas. Libertad y ensueño
es la vida que se vive entonces.
Emociones, azar y regla,
tibias transparencias
entre nubes y cielos distraídos.
Y el mundo como un pozo
donde estirar la mano hambrienta.
La soledad a veces
con raídos espejos para la faz solemne;
y a veces, también, nos mira un niño
a través del rostro.
Y también hay tardes
en que todo fluye en borbotones de granates terciopelo
y escenario de carne en suspenso cantan.
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