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Qué luna más blanca,
qué luna más bella....!
G. Mckay.
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Amada mía: vamos al doliente jardín
y sentados cual siempre sobre el vetusto banco,
hagamos con suspiros y con besos mil himnos
de amor, cándidos cual la nieve de tus manos.
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Ven! La fuente solloza melódicas canciones
y el surtidor da al viento toda su perlería....
La luna brilla y canta, desde el azul sereno,
que esta noche tan blanca para amarse es propicia.
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No me digas que no! Las margaritas todas
con su sonrisa blanca nos llaman y nos ríen....
Dame tus manecitas, sedosas y pulidas
para aromarlas con resedas y jazmines!
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Qué clara está la noche! Qué silencio más grato!
Cuando dos seres se aman, qué belleza hay en todo!
Ven! Que hasta madre luna parece estar sedienta
de ósculos y cantos, de versos y de gozo!
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Del libro: Rosas de Juventud y de Ilusión. 1917
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