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Canto a Chiriquí, por
Santiago Anguizola D.

Salve a ti del Dorace
deliciosa región, pródiga tierra,
donde tranquilo yace
en su sueño eternal aquel coloso
que antaño sacudiera
las vértebras del Ande
con cólera que aterra
y convulsiones de Dragón herido.

Por tu suelo, en promesas florecido,
en donde Flora y Ceres
unieron las primicias de sus dones
a la gracia sin par de tus mujeres
y a la noble altivez de tus varones.

Por ese mar que descubrió Balboa
y que besa tus costas, lisonjero;
por tu sol rutilante
que duplica sus lumbres desde Enero,
recibe, oh tierra, sempiterna loa.

Recíbela también por esa lluvia
que fecunda tus campos.
Por los sedeños lampos
de la luna más bella
que sobre el mundo viera el ser humano
y diera un nombre indígena
AL VALLE DE LA LUNA CHIRICANO.

Tú, en el Cantón de Alanje,
ufanas por su Cristo Milagroso;
y recuerdas que allí probó sus alas
aquel Cóndor, ingenio portentoso,
que a Colombia tuviera subyugada
hasta que, en El Cabrero,
doblegara la frente fatigada.
de su propia conciencia prisionero.

Por Boquete que cuaja entre jardines
de tus cafetos el sabroso fruto
al que rinde el goloso fiel tributo.
Rincón que al ocultarse entre montañas
de tupidas marañas
finge ser el Perdido Paraíso,
porque compite en sin igual hechizo
con el que Adán llorara
y que jamás el hombre recobrara.

Barú, tórrida zona
se refresca entre verdes bananales
do el oro verde apaña avara mano
extraña como la garra de águilas caudales.

Por su mar siempre azul surcan las naves
que el tesoro se llevan
y por el hondo piélago se alejan
con ligereza de marinas aves.
Bugaba es el prodigio
donde regó sus dones el Eterno.
Oíd junto al primor de sus lagunas
la dulce endecha del jilguero tierno.

Si el maíz de Caizán cuaja
en Febrero, en el resto del año
es su entraña el granero
que en milagrosa, pródiga abundancia,
surte vituallas al país entero
con gesto de munífica prestancia.

Boquerón se reclina en el olvido
como nueva princesa de leyenda,
pero muestra por ti cálida ofrenda
en ramillete de vivientes rosas;
eso son sus mujeres, tan preciosas
que a las propias huríes dan sonrojos:
con pupilas como astros tropicales
y dulces labios rojos
que incendian de pasión a los mortales.

Mira en Dolega cómo se cimbrea
la caña que es depósito de mieles.
Por sus llanuras ya no se pasea
el doras que valiente y orgulloso,
pero se escuchan hoy trinos de Alondra,
mariposas de luz vueltas canciones,
que llevan en su vuelo misterioso
la calma a los heridos corazones.

El padre de los ríos
que retozando riegan tus campiñas
ciñe a Gualaca en cinturón de plata.
Allí no muestran pámpanos las viñas,
pero el arroz madura
su fécula jugosa y codiciada
mientras que Hornito irrumpe hacia la altura
para esconder el porvenir brillante
que le espera al que emprenda
la aventura de humillar su cerviz de rudo Atlante.

San Lorenzo se esquiva
como en el monte tímida gacela.
Su pobreza deplora
y su tristeza aviva
sin saber las bellezas que atesora;
y siendo de distritos Cenicienta
se consume en la espera
de algún príncipe azul que en una estrella
algún día por ella
venga desde el país de la quimera.

Claras linfas apuran la corriente
del río que se desliza
a través de San Félix.
y el mismo Febo apasionado irisa.
Allí la vega es manto esmeraldino,
dechado de bellezas admirable,
paisaje de dibujo incomparable
como salido del pincel divino.

Remedios trae la ofrenda
de leyenda viril: cuando al pirata
hizo morder el polvo en la contienda.
El mismo Apolo apacentar querría
los rebaños que pastan sus potreros.
Islas y deltas muestran su verdura
formadas por esteros
o que se imponen a la mar bravía,
desde donde Neptuno
ve trocada en Madona que nos cura
la olímpica figura
y la pagana majestad de Juno.

De la raza vencida
Tolé es refugio. Ved su cordillera
donde el huraño monte
parece desafiar al horizonte.
A su seno se acoge el aborigen
con la suerte infeliz por compañera.
Inútilmente redención espera
y en su frustrado anhelo
busca en la balsería la fatiga
que su dolor mitiga,
allá: donde la sierra toca el cielo.

Por ti David ostenta
la prosapia procera
de un José de Obaldía
que instituyó tu vida, hoy centenaria;
aquí su planta peregrina un día
posó el gran Morazán de estirpe homérica
y mente visionaria
que diera libertad a Centro América;
aquí, nobles Calanchas y Gallegos
por su cultura griegos,
por su valor, romanos,
dignos retoños de la raza ibérica
fueron bardos-guerreros, chiricanos.

Salve a la soberana
que en su Corte, galana maravilla,
entre once estrellas como el Alfa brilla
gloriosa y sobrehumana.
Nunca se viera el cielo
adornado con lumbres siderales
de magnitud tan grande,
como el estrado, donde la realeza
esplende con el sol de la belleza,
Tus vírgenes son flores y luceros,
gemas resplandecientes
que le robaron al Creador sus dones
para lucir como astros refulgentes
y calcinar de amor los corazones.

Salve, tierra dorace
que hoy coronas triunfante los cien años
con júbilo de propios y extraños.
Porque en ti se revela generosa
la mano de Dios mismo, prodigiosa.
Por tu fecunda entraña inextinguible
constante proveedora
de lo que el hombre juzga apetecible.
Salud, Madre Nutricia,
de nuestro Panamá, florón galano;
por ti, en el canto de mi lira inquieta,
quiero juntar la estrofa que acaricia
al trono del profeta,
para que sea mi aliento sobrehumano
y yo pueda exclamar con el poeta
“QUE ES MI GLORIA MAYOR: SER CHIRICANO”.


Del libro: Soy Chiricano


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