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Torcaces, por
Santiago Anguizola D.

Bajo el giro incesante de las horas
y con ellas, ligeras y fugaces,
surgen de las montañas soñadoras,
en inquietas bandadas, las torcaces.

Ama el día lo inconstante de sus vuelos
y, sobre el raso gris de sus plumajes,
peinan los aquilones sus anhelos
y tejen las neblinas sus encajes.

La tarde las reviste con sus galas
cuando surcan la atmósfera, gentiles,
y entonces son la magía de las alas
o el celeste primor de los perfiles.

Son las hijas del sol y de las frondas;
por eso, cuando entonan sus arrullos,
destrenza el alba sus guedejas blondas
y entreabren las rosas sus capullos.

Y ya sobre los jobos altaneros,
o allá desde los mangos, en sus nidos,
reflejan el verdor de los potreros
en sus ojos redondos y encendidos.

Entonces vuela su canción errante
con el rumor de pesadumbres viejas,
en añoranzas de un amor distante
que envuelve la tristeza de las quejas.

Cantan a la quietud de los manglares
y a las risueñas fuentes escondidas,
con la tierna canción de los pesares
hecha con trovas de esperanzas idas.

Y hay una inmensa pena en ese canto,
al que los ecos con dolor responden,
como si en cada nota hubiera un llanto
que los arpegios de su voz esconden.

Así, cantando en angustiada espera,
son sorprendidas por destino impío:
rotas las alas por la bala artera
o entre las garras del halcón bravío.

La zozobra de verse perseguidas
las lleva de la cumbre a los cortijos,
y son millares las que caen heridas
desde la rama donde están sus hijos.

Mientras que allá, en el árbol, suspendidos
bajo la fría mirada de los cielos,
son sepulturas los que fueron nidos
y cadáveres yertos los polluelos.

... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ...

¨Por qué se ensaña la enemiga suerte
con esos pobres seres, y falaces
las garras despiadadas de la muerte
arrebatan del nido a las torcaces?

¡Ah!, que del mundo los adversos hados
siempre se muestran de injusticia llenos;
mientras cantan victoria los malvados
oprime el peso del dolor los buenos.

Que un supremo ananké marca el estigma
del mal sobre la frente combatida,
para hacernos esclavos del enigma
o los tristes libertos de la vida.

A muerte condenados en la cuna
inútil es que se demande gracia,
que a todo el que sonríe la fortuna
lo acecha entre la sombra la desgracia.

Detrás de cada rosa hay mil espinas,
tras de ese cielo azul se halla el vacío,
tras la hiedra pomposa están las ruinas,
y, logrado un placer, viene el hastío.

Sufrir: he allí, no más, lo único cierto;
la vida, en realidad, no es otra cosa
que el paso por un árido desierto
en busca de una cruz y de una fosa.

Vida no es nube que se lleva el viento;
vida es el palpitar en la agonía;
es la maga que llena el pensamiento
de una amarga y letal filosofía.

Dios, la esperanza del linaje humano,
se oculta del Arcano en lo profundo,
en tanto que el dolor, cual soberano,
es el árbitro omnímodo del mundo.

.. ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ...

¨Quién lanza esas endechas gemidoras
que en lágrimas parecen empapadas... ?
Es el manso rumor con que las horas
se alejan de las almas desoladas.

Son torcaces que pasan, son los años
de la radiante juventud perdida,
es la banda primer de desengaños
que en el confiado corazón anida.

Es la quejumbre que del alma emana
al golpe de las crueles asechanzas,
es la voz funeral de la campana
que dobla por las muertas esperanzas.

... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ...

¡Oh torcaz, que en mi mente de poeta
surges para el dolor evocadora,
como cigüeña que a Valencia inquieta
o como garza que a Miró enamora!

Tú que la queja a la canción engarzas
mientras cubres el nido donde sueñas,
tienes fiebre de azul, como las garzas,
o de cielo embriaguez, cual las cigüeñas.

Tú que atesoras la virtud arcana
que fortifica el alma del cobarde,
y hallas las alegrías de la mañana
en las melancolías, de la tarde,

bríndame una canción, una de aquellas
que tienen tal poder y tal encanto
que provocan el llanto, y en estrellas
las lágrimas convierten de ese llanto.

Quiero una blanda melodía doliente
que cante de los buenos la victoria,
que descorra los velos de la mente
y reviva el recuerdo en la memoria,

para dejarle en su armonía sagrada,
cuando disfrute de la eterna calma,
el corazón, a la mujer amada,
y a mi madre adorada: toda el alma.


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