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El Panamá América, sábado 11 de enero de 1964


Portada del diario El Panamá América, del 11 de enero de 1964

EDITORIAL

Panamá Ante el Consejo de Seguridad

El Gobierno Nacional por conducto de nuestra representación ante las Naciones Unidas presentó anoche ante el pleno del Consejo de Seguridad de la Organización, la queja relativa al hecho de que la República de Panamá ha sido víctima de un ataque armado contra su territorio y su población civil cometido, sin provocación, por las fuerzas armadas de los Estados Unidos estacionadas en la Zona del Canal. Como consecuencia de esa agresión, según expuso el Delegado panameño, han ocurrido no menos de veinte muertes y más de 300 personas han resultado heridas, creando así una situación que pone en peligro la paz en el hemisferio occidental.

El ejército de los Estados Unidos al hacer uso de la fuerza durante los dolorosos sucesos de los últimos días, ha violado compromisos internacionales que aparecen consignados en la Carta de las Naciones Unidas. En ésta se consagra que los Miembros de la Organización —y los Estados Unidos es uno de ellos— se abstendrán en sus relaciones internacionales de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado.

El planteamiento hecho ante el organismo mundial se apoyó básicamente en la tesis sostenida por el Dr. Ricardo J. Alfaro ante la Asamblea General en 1946 y tiene igualmente antecedentes en el Informe de la Comisión de Política internacional creada en 1960, que fuera presidida por el Dr. Harmodio Arias y luego por el Dr. Octavio Fábrega. De acuerdo con esta tesis de neta raíz panameña la República de Panamá es y nunca ha dejado de ser el soberano de la faja de tierra conocida con el nombre de Zona del Canal. Dicha Zona no ha sido ni comprada, ni conquistada, ni anexada, ni cedida, ni arrendada, ni su soberanía transferida por Panamá a los Estados Unidos, país que desde 1903 se viene arrogando en la Zona del Canal funciones que no le corresponden.

En otro orden de ideas el Delegado panameño aludió a la nacionalización del Canal mediante la transferencia de su control a nuestro país; a su posible internacionalización, en cuyo caso Panamá tendría una responsabilidad especial, pero no trató a fondo la denuncia del Tratado del Canal de 1903 proclamada ayer por el Presidente Chiari, dejando, sin duda, para una intervención posterior, la exposición de  las razones históricas y jurídicas que guiaron al Jefe del Estado a tomar la trascendental decisión de dejar sin efecto y cancelar definitivamente el oprobioso Tratado de 1903, cuyo texto merece el repudio de todos los panameños.

La aspiración de Panamá para que su caso sea considerado por el Consejo de Seguridad tiene una amplia base jurídica. Bolivia que actualmente ejerce la presidencia de dicho Consejo, anunció a través de la voz autorizada de su Canciller, que se pronunciaría como en efecto lo hizo, en favor de que el Consejo de Seguridad conozca de la crisis de Panamá.

Es evidente que según la Carta de las Naciones Unidas el Consejo de Seguridad determinará la existencia de toda amenaza a la paz, quebrantamiento de la paz o acto de agresión y hará recomendaciones o decidirá qué medidas serán tomadas para restablecer la paz y la seguridad internacionales. Tales medidas tienen que ser  acatadas no sólo por los países débiles y pequeños sino también por los poderosos, pues los Miembros de las Naciones Unidas convienen en aceptar y cumplir las decisiones del Consejo de Seguridad.

El camino que ha seguido la Nación Panameña al recurrir al Consejo de Seguridad se asemeja a la acción que tomara en el mismo sentido el Gobierno de Túnez con motivo del problema causado por la ocupación de la Base Naval de Bizerta. En aquella ocasión el Consejo de Seguridad no pudo llegar a una decisión dada la imposibilidad de lograrse la mayoría necesaria para adoptar un acuerdo, y entonces, la Nación quejosa gestionó con éxito la convocatoria de una reunión extraordinaria de la Asamblea General de las Naciones Unidas.

Los hechos ocurridos en el territorio panameño revisten tal gravedad que sus consecuencias pueden alcanzar una magnitud imprevisible. La circunstancia de que una importante Comisión de la Organización de Estados Americanos, así como, el Secretario del Ejército de los Estados Unidos y el Subsecretario de Estado para Asuntos Interamericanos, se encuentran en misión oficial en nuestro país, no debe ser motivo para que nuestro Gobierno descuide las gestiones que se iniciaron ante el Consejo de Seguridad, pues de ser así se causaría un perjuicio irreparable a la dignidad nacional y al prestigio internacional de la República.

El Consejo de Seguridad también deja el camino abierto para el arreglo pacífico de las controversias. Pero debe hacer un pronunciamiento que reconozca la justicia de la causa panameña. Si esa decisión no se logra en el Consejo de Seguridad, entonces Panamá, lo mismo que otros países que en un momento de su historia vieron sus derechos conculcados, debe exigir que se convoque una reunión extraordinaria de emergencia de la Asamblea General de las Naciones Unidas, para que en ese foro mundial empeñado en la erradicación del colonialismo en el mundo, se esclarezca de una vez por todas el derecho soberano, inalienable y absoluto de la República de Panamá sobre la Zona del Canal.

En esta hora crucial para los destinos nacionales el Ejecutivo tiene una responsabilidad histórica, que sólo podrá cumplir a cabalidad si cada uno de sus actos responde a las esperanzas y expectativas de un pueblo digno y altivo que con el corazón sangrante reclama justicia para sus muertos y satisfacción plena para sus reivindicaciones.


(Editorial del diario El Panamá América, del 11 de Enero de 1964)



Página 4 del diario El Panamá América, del 11 de enero de 1964

Hora de Luto Para la Democracia

Por DIEGO DOMINGUEZ CABALLERO

Con indignación y dolor de panameño escribimos estas líneas en los momentos en que miembros de las fuerzas armadas de la nación más poderosa de la tierra, proclamada a sí misma campeona de la democracia, atropella, de manera injusta y utilizando burdamente todas las tácticas del más fuerte, a nuestro pueblo. Nosotros no tenemos las fuerzas de las armas que oponerles a los que cometen la inhumana agresión pero siempre creímos que la democracia consideraba como más fuertes las armas del espíritu. Y los panameños tenemos el derecho y la justicia; la fuerza espiritual está de nuestro lado. Y cuando nuestros jóvenes estudiantes van al territorio panameño en la Zona del Canal a enarbolar nuestra bandera y a cantar nuestro himno están amparados por la legalidad ya que la colocación de nuestra bandera es el resultado de las negociaciones celebradas entre los gobiernos de Panamá y de los Estados Unidos de América.

Jóvenes que apenas han pasado los linderos de la adolescencia, con el pecho henchido de amor patriótico e inspirados en los más puros ideales han sido rechazados, ultrajados y abaleados sin compasión por soldados y policías trajeados con todos los arreos militares de quien se enfrenta a un enemigo poderoso. Nosotros que creemos en la democracia y en los altos valores del espíritu contemplamos azorados cómo quienes afirman ser campeones y paladines de esa democracia, en un desprecio total al derecho y a la dignidad de la persona humana, masacra un pueblo indefenso. Presenciamos espantados la traición a las ideas proclamadas por Lincoln, Whitmann, Dewey, Roosevelt y Kennedy. Terrible hora, terrible y dolorosa hora de luto para la democracia.

Página 4 del diario El Panamá América, del 11 de enero de 1964

La mayoría de nuestros muchachos ha hecho gala de una temeridad suicida ante los acontecimientos sangrientos de las últimas horas. En momentos de descanso de las ráfagas de ametralladora, mientras unos permanecían todavía agachados por el temor a las balas, otros escalaban la muralla que separa la Avenida Cuatro de Julio de la Zona del Canal.


(El Panamá América, del 11 de Enero de 1964. Página 4.)



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